sábado, 27 de julio de 2013

GLORIA ETERNA A LOS COMBATIENTES DE LA REPUBLICA

.LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA

75 años de aquel infierno

Las Terres de l'Ebre conmemorarán durante 115 días la cruenta batalla de la guerra civil

SÍLVIA BERBÍS
TORTOSA
Como cada año, al aproximarse el 25 de julio, Pere Godall está nervioso y ajetreado. Hace 75 años que no olvida esta fecha. La celebra como un aniversario, aunque ni nació ni se casó ese día. Lo que le pasó a su vida y a la de muchos soldados republicanos ese verano de 1938 es que entrarían directos al infierno cruzando un río. Hoy se cumplen 75 años del paso del Ebro, una efeméride que se celebrará durante los próximos 115 días, los mismos que duró la batalla más determinante de la guerra civil. Pere, como hace ya un cuarto de siglo, no faltará al homenaje anual que recibe junto al puñado de ancianos 'biberones' que acudan a la cota 705 de la sierra de Pàndols, donde volverán a reencontrarse para conjurar la paz y rememorar una guerra que les pilló púberes, con 17 años.
Imagen histórica de la batalla del Ebro, durante la guerra civil española. ARCHIVO
Su mente de 92 años guarda, algunas nítidas y otras difusas, muchas imágenes de ese verano: «Crucé el río en una barca entre Faió y Mequinensa, hacía apenas 15 días que había empezado las prácticas de tiro con el fusil, pero nunca había tocado una bomba de mano, y enseguida empezó la carnicería», recuerda Pere. «Yo tuve mucha suerte durante toda la guerra y salí vivo, no sé por qué, pero siempre pensé que me salvaría, quizá porque me había salvado también del bombardeo que un año antes asoló mi casa y en el que perdí a cinco familiares, entre ellos a mi padre», sostiene. «Muchos compañeros decían que les matarían, ni siquiera querían comer, pero yo tenía confianza y sí, comía el chusco de pan con carne rusa congelada, que estaba muy buena por cierto, y por las noches me animaba simulando que el suelo era el teclado de mi piano, y tocaba 'Bésame mucho' y otras canciones que me gustaban», recuerda.

Comida para todos

Joan Fontanals vive en Barcelona y, a sus 93 años, el Pinell de Brai queda lejos. Él tuvo otro cometido en la batalla del Ebro: «Lo que hacía es traer material con el camión, comida, balas, lo que fuera para las brigadas», apunta. La comida no faltaba: «Había para todos, lo que ocurre es que siempre se comía lo mismo, tanto si era por la mañana como por la noche». Hoy Joan será uno de los que no podrá asistir al encuentro anual: «¿Estarán los biberones?», pregunta. «No podré ir esta vez, pero mi corazón estará con ellos», añade.
«Seremos entre 10 y 20 biberones porque, claro, hay que tener en cuenta que, aunque quedan unos 400 en Catalunya, cada año somos menos, y muchos ya no pueden venir», explica Pere, que preside la Agrupación de Supervivientes. Quizá, hasta el 16 de noviembre, el periodo en que se desarrolló la cruenta batalla, tendrán ocasión de encontrarse de nuevo en alguno de los actos de conmemoración que van a celebrarse.
Hoy, tras el homenaje en Pàndols, tendrá lugar el más simbólico, en La Sénia, con la encendida de una llama que recorrerá seis poblaciones de las Terres de l'Ebre en recuerdo a las víctimas. El gran acto se reserva para el 16 de noviembre, fecha en que la batalla se dio por concluida con la retirada de las últimas y maltrechas tropas republicanas. Desde hoy hasta ese día, aunque 75 años atrás, caerán más de 20.000 almas en ese infierno escondido al cruzar el Ebro.

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