domingo, 3 de junio de 2012

EL MUNDO HOY

Cuadro de situación

 Por José Pablo Feinmann
En una superficie de 9.598.961 km2 hay en China 1.341.335.000 chinos. Muchos viven en su capital, Beijing, nombre popularizado por las Olimpíadas de 2008, ya que siempre se dijo Pekín, algo que todavía sucede. Pero otros lo hacen en Shanghai, Tianjin y Chongkín. La apertura de las Olimpíadas fue tan espectacular que tradujo visualmente el poderío económico del llamado gigante asiático. Hay una frase hecha: “Crecer a tasas chinas”. Posiblemente sea exacto decir que es la segunda economía del mundo, aunque la primera (EE.UU.) se encuentra tan deteriorada y con una deuda externa tan descomedida que mete miedo. Se definen de un modo atípico: son, dicen, una democracia popular de partido único, algo que para el lenguaje político de Occidente suena a “chino”. El partido político único de este gigante capitalista de Estado es el Partido Comunista Chino. El idioma principal es el mandarín y la moneda el yuán o yen. De pianistas, sólo de pianistas, tienen un millón. El más famoso, célebre ya en Occidente, es el pintoresco pero dotado Lang Lang, que fuera discípulo de Daniel Barenboim. Pese a algunas concesiones a la música de su patria, el repertorio de Lang Lang es el de los pianistas occidentales: Schumann, Schubert, Tchaikovsky, Chopin, Albéniz, etc. En China no se desviven por el culto al individuo ni a los derechos humanos. El régimen es autoritario. En Frankfurt, el año anterior al que presidió Argentina, les tocó hacerlo a ellos. El que habló en la ceremonia central lo hizo largamente: no mencionó la democracia, ni los derechos humanos. Fue una metralleta de datos económicos apabullantes. A la población le conceden lo que necesita para vivir bien, como en pocas partes del planeta: se controla la inflación, educación, vivienda, sanidad, impuestos y se lucha duramente contra la corrupción. (“Duramente” es un eufemismo. No es aconsejable para la buena salud de nadie ser corrupto en China.) Se controla Internet y las voces disidentes tienden a ser controladas, y más que eso si es necesario. Pero esto sucede en todos los países de Occidente que están en guerra con Irak, Irán y los palestinos o deben controlar el ingreso de los inmigrantes indeseados (nombre que les dio Samuel Huntington ya en 1990). Pero, ¡cómo ha crecido China! Es la alternativa al Consenso de Washington, ese diseño del economista John Williamson que ha devastado a los países en que se impuso y que ahora tiene a Europa al borde del abismo: sobre todo a Grecia y España. Se habla –desde hace tiempo– del Consenso de Pekín y si se habla es porque ya existe y está formando una nueva salida al capitalismo, no de Occidente, no de las grandes potencias imperiales, sino al de las economías subalternas, que cada vez lo son menos.
La República de la India –como China– tiene una población desbordante: 1.224.614.000 habitantes, pero en una superficie notoriamente menor: 3.287.260 km2. Fue, también como China, colonizada por el imperio británico durante el siglo XIX y fue, también como China, objeto de la pluma de Karl Marx, que le dispensó su atención por medio de sus notables (y, en general, equivocados aun en su brillantez, o acaso más gravemente a causa de ella) artículos para el New York Daily Tribune. Pese a que la Constitución otorga reconocimiento a veintidós lenguas, es el inglés el idioma hegemónico, más aún que el hindi. La “pesada carga del hombre blanco” que Kipling cantó ha dejado su huella.
India es hoy una potencia es ascenso no menos que vertiginoso. Tiene problemas internos y los ha tenido asimismo con Occidente. Pero su presente pareciera tener otros rumbos. En 2010 se produce la tercera cumbre del BRIC (Brasil, Rusia, India, China) y en ella se consolida la unión de las nuevas potencias emergentes. Se les une Sudáfrica y el BRIC se transforma en Brics, un organismo libre, fuerte. Una voz vigorosa en el nuevo mapa internacional. Y, sobre todo, independiente: India se abstuvo de votar sobre la cuestión Libia el 17 de marzo de 2011 (también lo hicieron sus otros socios del Brics) y hasta se permitió aconsejar a las potencias occidentales evitar el uso de la fuerza.
Brasil es el coloso de América latina y –a la vez– uno de los países con mayores problemas sociales. Se hizo una película de éxito mundial dirigida por Fernando Meirelles. Presentaba de modo explícito la guerra de las bandas de narcotraficantes en las favelas. Se ha permitido entrar ahí al mismísimo ejército a sangre y fuego. No hubo mayores resultados. De las favelas salen los delincuentes, invaden las ciudades de la opulencia y crean algo peor que inseguridad, terror. Pero Brasil, con Lula primero y con Dilma Rousseff luego, creció a grandes saltos. Es, ahora, una potencia mundial con voz propia. En marzo de 2011, Barack Obama lo visita, dialoga, seduce. Algo que exhibe ante el mundo la relevancia del país de la lejana Carmen Miranda, que ya no quiere entretener con el colorido de sus frutos, de sus enormes bananas y sus ritmos, sino entrar en la dura pulseada del poder mundial. Lo ha hecho.
Argentina ha dejado muy atrás las crisis de 2001 y 2002. El país ha crecido durante estos diez años. Los problemas de exclusión y pobreza son menores que los de Brasil. Su Presidenta ha ganado las recientes elecciones del año pasado con el 54 por ciento de los votos. La oposición se ubicó tras de ella a casi impresentable distancia. Se ha acercado a Estados Unidos pero se nota que busca otros caminos. Quiere salir (y está saliendo) del neoliberalismo que arrasó el país en la década del 90. Ha fortalecido el Estado y su intervención en la economía. Es el país que más profundamente ha llevado los juicios a los genocidas de la dictadura militar. Tiene una oposición política muy débil pero una mediática fuerte y agresiva hasta la injuria. Ha establecido su linaje político con la izquierda peronista de los años ’70, la que fuera (no la guerrilla, que era minoritaria y sirvió de excusa a los centuriones) “diezmada” durante esa década por un Estado Criminal apoyado por todas las fuerzas de derecha y por las clases medias del país. Las Madres de Plaza de Mayo (que surgieron en abril de 1977) calculan la cantidad de muertos y, en especial, desaparecidos en 30.000. Ningún país generó una entidad como la de las Madres. Ellas lavaron la “culpa argentina”. Alemania daría mucho por haber tenido unas madres que todos los jueves se nuclearan en la Puerta de Brandenburgo para pedir por la vida. Habría ayudado a Karl Jaspers a ser menos duro con su pueblo en su ensayo La culpa alemana.
Actualmente, soporta una nueva embestida. Esta vez con centro en las corporaciones financieras, como en el 2008 lo fuera en las corporaciones agrarias. Las corporaciones financieras son peligrosas. Tiraron el gobierno de Raúl Alfonsín con el cruel “golpe de mercado” y condicionaron a todo gobierno, sobre todo al de Carlos Saúl Menem que se puso, sin más, bajo su protección y sus dólares rematando la soberanía del país.
Argentina mantiene una excelente relación con Brasil. Esto, en la práctica, la vuelve un miembro –menor pero respetado– del Consenso de Pekín. No se trata –creemos– de estar contra EE.UU. sino de poder hacerle frente, no sometérsele, desde la creación de un nuevo polo de poder. Así están las cosas. Todos los sectores que actúan como representantes de la embajada de EE.UU. atacan estos planes del Gobierno. La resolución de estos conflictos mucho tendrá que ver con el efecto que tenga o no tenga la crisis mundial en Argentina. El Gobierno no cesa de tener la iniciativa política. Del otro lado –aunque se sabe que se defiende el retorno al Consenso de Washington– sólo suenan voces pendencieras, rencorosas, encarnadas por periodistas decadentes o medios de comunicación que apelan a cualquier recurso. Algo que ya hicieron y los llevó a perder calamitosamente las elecciones de 2011. Debieran intentar otra cosa.
* La información en esta nota no proviene de Internet.

sábado, 2 de junio de 2012

MICROSOFT,GOOGLE,APPLE,INTEL,FACEBOOK....TODAS AGENTES YANQUIS

La Casa Blanca ordenó ciberataques contra Irán

Varios virus informáticos, difundidos en los ordenadores del programa nuclear persa, habrían retrasado 18 meses su proyecto de enriquecimiento de uranio


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Estados Unidos ordenó los ataques informáticos contra ordenadores utilizados en instalaciones nucleares iraníes, denunciados en el pasado por Teherán, según ha desvelado “The New York Times”. Desde hacía tiempo se daba por hecho que EE.UU. e Israel habían colaborado para poner en marcha el virus Stuxnet, que afectó el funcionamiento de centrifugadoras en la planta de Natanz y retrasó sustancialmente el programa nuclear iraní. El diario neoyorquino atribuyó este viernes esos ciberataques a una operación denominada “Olympic Games”, puesta en marcha por George Bush y acelerada por Barack Obama. La Casa Blanca, que nunca ha reconocido estar detrás de ningún ciberataque, no ha querido pronunciarse sobre la información.

El detonante

De acuerdo con los muchos detalles que ofrece “The New York Times”, la operación estuvo a punto de suspenderse después de que en el verano de 2010 el virus informático se escapara de los ordenadores de Natanz y pasara a internet, a través del portátil de un ingenierio iraní que había conectado su ordenador personal a la red informática de la central. El virus comenzó a conocerse internacionalmente y entonces las autoridades iraníes pudieron sospechar de que a él se debían las anomalías que se estaban registrando en Natanz. EE.UU. e Israel respondieron con una nueva versión del gusano informático Stuxnet, de la que al parecer han existido tres, que fue la más efectiva.
Su acción permitió destruir mil de las cinco mil centrifugadoras que enriquecen el uranio, al ordenar el virus aceleraciones y desaceleraciones abruptas de las máquinas. La Administración Obama considera que ese sabotaje permitió retrasar 18 meses el programa nuclear iraní, aunque es posible que su efecto no fuera tan devastador, pues se estima que en estos momentos Irán puede disponer ya de material para al menos cinco armas nucleares si se completa el enriquecimiento.

Entretener a Israel

El artículo no se pronuncia sobre si EE.UU. también es responsable de otro virus, conocido como Flame, que ha penetrado en ordenadores de militares y dirigentes iraníes, tal como esta semana ha denunciado Teherán. Flame, cuyo código parece datar de hace al menos cinco años, no formó parte en todo caso de la operación “Olympic Games”.
La operación fue una de las dos que Bush le aconsejó a Obama que mantuviera y desarrollara cuando se produjo el traspaso de poderes en la Casa Blanca en enero de 2009. La otra era los ataques con drones contra talibanes en Pakistán.
El interés de EE.UU. de buscar una cooperación tan estrecha con Israel en esos cibertaques puede explicarse por dos razones. Una es la sofisticada tecnología utilizada por la llamada Unit 8200 israelí, y otra el que de esta forma se tenía a los iraelíes implicados en ralentizar el programa nuclear israelí, ganando tiempo para sanciones y negociaciones diplomáticas y evitando un ataque.

Es suponer que atacarán enloquecidos a Corea Democrática,Cuba,Siria,China,Rusia,Venezuela,Nicaragua,Ecuador o Bolivia.

viernes, 1 de junio de 2012

RASCA A UN ESPAÑOL Y TE SALDRÁ UN FACHA

El Gobierno de España ensalza un episodio de la guerra colonial del Rif

Por: | 01 de junio de 2012
El Consejo de Ministros concede la más alta condecoración militar a un regimiento que tuvo un comportamiento “heroico” durante el “Desastre de Annual” hace… 91 años
El Gobierno de España ha concedido hoy la más alta recompensa militar al Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería por su heroico comportamiento durante la batalla de Annual, contra la "insurrección" del Rif, hace… 91 años.
AnnualLa guerra del Rif fue una guerra colonial, impopular en España porque se cobró 30.000 vidas y porque permitía sortear a los hijos de los ricos hacer la “mili” en Marruecos pagando una cuota al Estado. La batalla de Annual fue el mayor desastre de esa guerra achacable, en buena medida, a los errores cometidos por el general Manuel Fernández Silvestre, que estaba al frente de la Comandancia de Melilla, y que probablemente acabó suicidándose en el campo de batalla. Ante la ofensiva rifeña un buen número de oficiales huyeron abandonando a sus hombres.
   El Desastre de Anual, como llaman los historiadores a ese episodio, provocó una crisis política que quebrantó  los cimientos de la monarquía, de corte liberal, de Alfonso XIII. El golpe de Estado de 1923 desembocó en la dictadura de Miguel Primo de Rivera.
   Aun así y todo el Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy ha considerado que merecía la pena recordar esa guerra y ensalzar unos “hechos heroicos” ocurridos entre el 22 de julio y 9 de agosto de 1921, según reza la reseña del Consejo de Ministros. La “gesta” del regimiento consistió en proteger la retirada de soldados españoles  y “evitó que el número de bajas fuera mayor”.
   “Ha llegado el momento de sacrificarse por la Patria cumpliendo la sagrada misión del Arma”, arengó el teniente coronel Fernando Primo de Rivera a sus soldados. El 80% de sus 691 jinetes fallecieron, entre ellos el propio Primo de Rivera que ya recibió la Laureada individual de San Fernando.
  Ahora es el conjunto del regimiento al que se le concede la Laureada de San Fernando Colectiva. La anterior, con carácter colectivo, fue otorgada en 1943, “lo que da una idea de la excepcionalidad de su condición”, según recalca la reseña. En la “corbata” del regimiento figurará ahora la inscripción “Annual 1921”.
   No deja de ser curioso que el Gobierno conmemore un episodio de la batalla de Annual, pero haya disuadido a los Institutos Cervantes en Marruecos que organicen actos para recordar el centenario del Protectorado español  (1912-1956).
   En enero de 2005 el Consejo de Ministros, entonces presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, condecoró con la Gran Cruz de Isabel la Católica a los generales marroquíes Hosni Benslimane, comandante en jefe de la Gendarmería, y Haminou Laanigri, exdirector del servicio secreto (DST) y máximo responsable de la Seguridad Nacional.
   La Asociación Marroquí de Derechos Humanos y otras ONG consideran que ambos han cometido numerosos atropellos de los derechos humanos. Benslimane está además reclamado como testigo por la justicia francesa en el marco del secuestro y asesinato, en 1965 en París, de Mehdi Ben Barka, el más célebre opositor el rey Hassan II. Nunca respondió a las convocatorias del juez instructor francés Patrick Ramaël.
   La concesión de las condecoraciones a los generales fue, hace siete años, muy bien recibida por las autoridades marroquíes. Es probable que no reserven la misma acogida a la que acaba de ser otorgada al regimiento de Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería. Probablemente la interpreten como una provocación.
   “Me quedo de piedra”, comentó Bernabé López, uno de los intelectuales españoles que mejor conoce Marruecos. “Era totalmente innecesario hacerlo casi un siglo después”, añade. “Al sur del Estrecho será interpretado como una provocación” del Partido Popular. “No hay que provocar al vecino y menos cuando ha iniciado una etapa política delicada” con la llegada de los islamistas al Gobierno y las tensiones que esto genera en la sociedad marroquí.
   Con el propósito, entre otros, de no suscitar problemas con potencias extranjeras el ministro de Defensa, Pedro Morenés, anunció el martes que renunciaba a desclasificar unos 10.000 documentos de la etapa 1936-1968. Fue Morenés que el propuso al Consejo de Ministros que condecorara al regimiento. Con Marruecos el ministro no ha tomado las mismas precauciones.
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EL TERROR ANTES DEL TERRORISMO


Dan Mitrione
En la fría madrugada del 10 de agosto de 1970 se halló en cerca de Montevideo en una zona suburbana, el cadáver maniatado de un hombre en el interior de un automóvil. Era el asesor en seguridad estadounidense Dan A. Matrione, secuestrado días antes por los tupamaros, y asesinado de cuatro balazos.
Junto al cordón de la vereda corría un hilo de sangre.

El caso de Dan Mitrione fue llevado al cine por el director franco-griego Konstantine Costa-Gavras, en la película Golpe de Estado, interpretada por Ives Montand.

Cuarenta años después, la desclasificación de un documento por parte del Departamento de Estado y revelado el miércoles por la organización Servicio Nacional de Archivos (NSA, por su sigla en inglés), muestra toda una trama en que el gobierno de Estados Unidos reclamaba supuestamente la muerte del líder tupamaro Raúl Sendic, si Mitrione era asesinado.

El documento secreto fue enviado por el secretario del Departamento de Estado de Estados Unidos, William Rogers, al embajador norteamericano en Uruguay, Charles Adair, el 9 de agosto de 1970 cuando ya había sido ejecutado a las 12 horas de ese día el experto en torturas, Dan Mitrione, según el comunicado Nº 9 del MLN emitido horas despues de la ejecución. La respuesta del canciller Jorge Peirano Facio al pedido del gobierno de Estados Unidos de matar a Sendic en caso de ser ejecutado Dan Mitrione fue negativa: "Un gobierno como el nuestro no hace este tipo de cosas", pero suguirió que esa tarea ilícita podría ser realizada por el "Escuadrón de la Muerte" la revelación de este comunicado secreto del Departamento de Estado norteamericano traerá consecuencias en la Justicia Penal Internacional. Tal lo declarado ayer en el programa "Sabuesos", de Gabard y Pernas en la 1410 AM LIBRE, por director del proyecto de Documentación del Cono Sur, Carlos Osorio. El funcionario afirmó que "este documento desclasificado de Estados Unidos esta alentando al crimen, esta es la interpretación de cualquier Juez de cualquier corte del mundo, y que estará implicando a funcionarios de los Estados Unidos".


Raul Sendic
Canciller Jorge Peirano Facio. "Nuestro gobierno no asesina, el "Escuadrón de la Muerte" sí. Traducción del documento secreto. "Nosotros asumimos que el gobierno uruguayo ha considerado utilizar la amenaza de matar a Sendic y a otros prisioneros clave del MLN si Mitrione es muerto. Si esto no fue considerado, usted debería elevarlo de inmediato al gobierno uruguayo". Firma el secretario de Estado William Rogers y abajo hay otra firma, de John Crimmins, futuro embajador de Estados Unidos en Brasil, miembro de la Task Force creada en Washington por el secuestro de Mitrione y también involucrado en la desestabilización del gobierno democrático de Salvador Allende en Chile.

 Nixon pidió a Pacheco que mataran a Sendic si Mitrione era ejecutado
En un documento desclasificado del Departamento de Estado de los EE.UU. y embargado hasta la mañana de ayer por la National Security Archive (NSA), quedó plenamente confirmado que el gobierno de Richard Nixon pidió al gobierno de Pacheco Areco que amenazara a los tupamaros con asesinar a Sendic y a otros prisioneros claves del MLN, si esta organización ejecutaba al estadounidense experto en torturas, Dan Mitrione en poder de los guerrilleros.

Mitrione. Llegó al Uruguay en 1969 para asesorar en la lucha contra el MLN-T.

El documento oficial estaba firmado por el secretario de Estado, William Rogers, quien lo dirigió al embajador de EE.UU. en Uruguay, Charles Adair, el 9 de agosto de 1970, cuando según el comunicado No. 9 del MLN, Dan Mitrione ya había sido ejecutado a las l2 horas de ese mismo día, 9 de agosto, habiendo vencido según el comunicado No.6 del l6 de agosto el plazo de 24 horas otorgado hasta la medianoche del 7 de agosto.

El documento le fue entregado al Canciller uruguayo, Jorge Peirano Facio, quien le contestó al embajador norteamericano que "un gobierno como el nuestro no hace este tipo de cosas", aunque agregó que esa tarea ilícita la podría llevar a cabo el "Escuadrón de la muerte", quien ya habría trasladado esa amenaza al MLN.

Ayer a las 11 de la mañana en la radio 1410 Am Libre, en el programa "Sabuesos" conducido por Alejandro Gabard y Walter Pernas, el director del proyecto de Documentación del Cono Sur, Carlos Osorio, interrogado por los periodistas, declaró que "el documento de EEUU está alentando el crimen, ésta es la interpretación de cualquier juez, de cualquier corte del mundo y que estará implicando a funcionarios de los Estados Unidos".

El gobierno de EEUU propuso a su par uruguayo adoptar todas las acciones a su alcance para obtener la liberación del agente de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID, por sus siglas en inglés), Dan Anthony Mitrione, secuestrado por el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) el 31 de julio de 1970, entre ellas, amenazar con "asesinar" a los principales referentes de la organización guerrillera si Mitrione era ajusticiado por el grupo guerrillero.

El "Tel. Ext 28562" enviado por el secretario de Estado norteamericano, William Rogers, al embajador estadounidense en Uruguay Charles Adair, el 9 de agosto de 1970, cuando ya había sido ejecutado a las 12 horas de ese día el experto en torturas, Dan Mitrione, según el comunicado Nº9 del MLN-T, emitido horas después de la ejecución. El 6 de agosto, el MLN-T en su comunicado Nº 6 concedió un último plazo hasta la medianoche del 7 de agosto para efectuar el canje propuesto, caso contrario el funcionario norteamericano sería ejecutado, como efectivamente ocurrió el 9 de agosto.

"Asumimos que el GOU (gobierno uruguayo) ha considerado amenazar con asesinar a (el lider del MLN-T, Raúl) Sendic y otros prisioneros claves del MLN si Mitrione es asesinado. Si no ha sido considerado, usted debería plantearlo al GOU inmediatamente", expresó Rogers en el cable secreto signado como de "Distribución Exclusiva" (EXDIS), es decir, altamente clasificado y reservado, y cuyo contenido solo podía ser conocido por el receptor (Adair), el secretario de Estado y la Casa Blanca.

Minutos más tarde, Adair contestó al secretario de Estado por la misma vía (REF Nº 128.636), que el gobierno uruguayo no adoptaría una decisión como la propuesta por el secretario de Estado. Sin embargo, el gobierno de Jorge Pacheco Areco afirmó a las autoridades norteamericanas en Uruguay que en caso de no lograrse la liberación "sano y salvo" Mitrione, el "Escuadrón de la Muerte" tomaría represalias contra los familiares de los principales referentes del MLN-T, entonces en prisión.

La comunicación a los representantes de EEUU en Uruguay fue realizada por el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Peirano Facio, el 9 de agosto de 1970, según revelan documentos desclasificados en EEUU.

Los documentos fueron publicados en el sitio web de la National Security Archive (NSA), una organización no-gubernamental independiente con sede en la Universidad de Washington, tras las tareas de desclasificación y análisis efectuadas por los profesores Carlos Osorio (director del Proyecto de Documentación del Cono Sur de la NSA) y Marianna Enamoneta, con la colaboración de la historiadora uruguaya Clara Aldrighi, autora del libro "El Caso Mitrione" (2007).

El secuestro de Mitrione

Dan Anthony Mitrione era un experimentado agente de la AID, que arribó en 1969 a Uruguay para asesorar y apoyar a los organismos de seguridad en su lucha contra el MLN-Tupamaros. Mitrione fue asesor en técnicas de tortura, ante lo cual el MLN-T definió su secuestro.

El secuestro de Mitrione significó un duro golpe para las autoridades norteamericanas y para el gobierno uruguayo. El 31 de julio de 1970 el director de la CIA fue informado por agentes a su cargo en Uruguay que "terroristas", presumiblemente del MLN-T o el FARO efectuaron cuatro intentos de secuestro en Montevideo.

El cable indicaba que el diplomático Gordon James fue secuestrado pero logró escapar; mientras no pudo efectivizarse el secuestro del ministro de Trabajo, Walter Pintos Risso. Sin embargo, los "terroristas" lograron el secuestro de Mitrione y del cónsul de Brasil en Uruguay, Aloysio Días Gomide. El MLN-T se hizo cargo de los secuestros y demandó la liberación de los 150 militantes de la organización detenidos por las fuerzas de seguridad uruguayas; el gobierno de Pacheco Areco se opuso públicamente a negociar con la guerrilla.

Sin embargo, los días posteriores fueron gestando un nuevo panorama, tras el secuestro por parte del MLN-T del funcionario norteamericano Claude Fly y la detención de Raúl Sendic (principal referente del MLN-T) y otros ocho importantes dirigentes de la organización, en diversos operativos efectuados en Montevideo. El 8 de agosto el MLN-T anunció la ejecución de Mitrione en 24 horas de no procederse a la excarcelación de los militantes detenidos.

La intervención de Nixon

Los contactos entre los gobiernos de Uruguay y EEUU, sin embargo, no comenzaron tras el "últimatum" público del MLN de ejecutar a Mitrione. El 2 de agosto el presidente Richard Nixon manifestó mediante un mensaje personal al presidente Jorge Pacheco Areco su "confianza" en que el gobierno uruguayo adoptaría todas las medidas a su alcance para obtener la liberación de Mitrione.

Sin embargo, el 8 de agosto las reuniones al más alto nivel continuaban, ahora con nuevos hechos sobre la mesa: el secuestro de Fly, la detención de Sendic y el "últimatum" del MLN de ejecutar a Mitrione. El embajador Adair y otros integrantes de la Embajada de EEUU en Uruguay mantuvieron ese día un encuentro de 30 minutos aproximadamente con el canciller Peirano Faccio y otros integrantes del staff ministerial.

Adair reveló a sus superiores en el Departamento de Estado que durante el "breve" encuentro expresó al canciller uruguayo su "creciente preocupación" por la "crítica posición" de Mitrione. El embajador norteamericano le sugirió en dicho encuentro a Peirano cuatro propuestas para lograr la liberación de los secuestrados: ofrecer públicamente a los captores de Mitrione una "amnistía" o "amnistía con recompensa (5 millones de pesos)" por su liberación; ofrecer una amnistía a los militantes "claves" de la organización recientemente detenidos a cambio de información que permita la liberación del agente norteamericano; insistir con oferta de recompensa por información; y en caso de recibir información y efectivizar el pago de la recompensa agradecer públicamente a los informantes y "urgir" a otras personas a brindar información.

Sin embargo, Peirano rechazó la propuesta y se mostró favorable a priorizar la comunicación con los "insurgentes" por canales "discretos", y recomendó que el propio gobierno de EEUU realice esfuerzos directos y secretos con el MLN en procura de la liberación del agente de la AID. La propuesta fue rechazada por Adair.

Actuará el "Escuadrón"

Los esfuerzos de las autoridades uruguayos por liberar a Mitrione y companía eran infructuosos, lo cual repercutía también en el gobierno de EEUU. En este contexto, se encuadra el pedido del Departamento de Estado a la Embajada de EEUU en Uruguay de sugerir a las autoridades uruguayos amenazar a los militantes del MLN detenidos con asesinarlos de no disponerse la liberación de Mitrione ("Tel. Ext 28562"). El cable secreto fue enviado poco antes de cumplirse el plazo dispuesto por el MLN-T para ajusticiar al agente de la AID.

Adair planteó el tema al canciller Peirano Facio y minutos después respondió mediante otro telegrama "Secreto" al planteo impulsado por el secretario de Estado, William Rogers. "1) Hasta la recepción del RefTel no tenemos info que el GOU haya considerado efectuar esa amenaza. 2) Enseñé al FONMIN (el ministro de Relaciones Exteriores, Peirano) el texto del RefTel. 3) FONMIN estableció que su estilo de gobierno no permitiría estas acciones. 4) FORMIN agregó, que entiende que por medios indirectos, una amenaza fue realizada a esos prisioneros Que miembros del 'Escuadrón de la Muerte' (grupos privados e ilegales) tomarán acciones contra los familiares de los prisioneros si Mitrione es asesinado", culmina Adair. Paradójicamente, "Escuadrón de la Muerte" es la única frase en español de todo el telegrama. En este sentido, los documentos ahora desclasificados cobran relevancia porque significan la primera caracterización directa por parte de un funcionario del gobierno uruguayo de los grupos parapoliciales activos como "Escuadrones de la Muerte". Las referencias anteriores se referían a estas organizaciones como "métodos no convencionales" o "contraterrorismo".


Fuente: Diario La República (Uruguay), 12/08/10.

MORENO,CASTELLI,MONTEAGUDO,PASO SE INVENTARON UN PAIS...

Sin paraguas ni escarapelas

Escribe Osvaldo Soriano :

  El 24 de mayo por la noche, el coronel Saavedra y el doctor Castelli atraviesan la Plaza de la Victoria bajo la lluvia, cubiertos con capotes militares. Van a jugarse el destino de medio continente después de tres siglos de dominación española. Uno quiere la independencia, el otro la revolución, pero ninguna de las dos palabras será pronunciada esa noche. Luego de seis días de negociación van a exigir la renuncia del español Cisneros. Hasta entonces Cornelio Saavedra, jefe del regimiento de Patricios, ha sido cauto: "Dejen que las brevas maduren y luego las comeremos", aconsejaba a los más exaltados jacobinos.
Desde el 18, Belgrano y Castelli, que son primos y a veces aman a las mismas mujeres, exigen la salida del virrey, pero no hay caso: Cisneros se inclina, cuanto más, a presidir una junta en la que haya representantes del rey Fernando Vll -preso de Napoleón- y algunos americanos que acepten perpetuar el orden colonial. Los orilleros andan armados y Domingo French, teniente coronel del estrepitoso regimiento de la Estrella, está por sublevarse. Saavedra, luego de mil cabildeos, se pliega: "Señores, ahora digo que no sólo es tiempo, sino que no se debe perder ni una hora", les dice a los jacobinos reunidos en casa de Rodríguez Peña. De allí en más los acontecimientos se precipitan y el destino se juega bajo una llovizna en la que no hubo paraguas ni amables ciudadanos que repartieran escarapelas. El orden de los hechos es confuso y contradictorio según a qué memorialista se consulte. Todos, por supuesto -salvo el pudoroso Belgrano- intentan jugar el mejor papel. Lo cierto es que el 24 todo Buenos Aires asedia el Cabildo donde están los regidores y el obispo. "Un inmenso pueblo", recuerda Saavedra en sus memorias, y deben haber sido más de cuatro mil almas si se tiene en cuenta que más tarde, para el golpe del 5 y 6 de abril de 1811, el mismo Saavedra calcula que sus amigos han reunido esa cifra en la Plaza y sólo la califica de "crecido pueblo".

La gente anda con el cuchillo al cinto, cargando trabucos, mientras Domingo French y Antonio Beruti aumentan la presión con campanas y trompetas que llaman a los vecinos de las orillas. Esa noche nadie duerme y cuando los dos hombres llegan al Cabildo, empapados, los regidores y el obispo los reciben con aires de desdén. Enseguida hay un altercado entre Castelli y el cura. "A mí no me han llamado a este lugar para sostener disputas sino para que oiga y manifieste libremente mi opinión y lo he hecho en los términos que se ha oído", dice monseñor, que se opone a la formación de una junta americana mientras quede un solo español en Buenos Aires. A Castelli se le sube la sangre a la cabeza y se insolenta: "Tómelo como quiera", se dice que le contesta. Cuatro días antes ha ido con el coronel Martín Rodríguez a entrevistarse con Cisneros que era sordo como una tapia. " ¡ No sea atrevido ! " le dice Cisneros al verlo gritar, y Castelli responde orondo: "¡Y usted no se caliente que la cosa ya no tiene remedio!"

Al ver que Castelli llega con las armas de Saavedra, los burócratas del Cabildo comprenden que deben destituir a Cisneros, pero dudan de su propio poder. Juan José Paso y el licenciado Manuel Belgrano esperan afuera, recorriendo pasillos, escuchando las campanadas y los gritos de la gente. Saavedra sale y les pide paciencia. El coronel es alto, flaco, parco y medido. El rubio Belgrano, como su primo, es amable pero se exalta con facilidad. Paso es hombre de callar pero luego tendrá un gesto de valentía. Entrada la noche, cuando French y Beruti han agitado toda la aldea y repartido algunos sablazos a los disconformes, Belgrano y Saavedra abren las puertas de la sala capitular para que entren los gritos de la multitud. No hay más nada que decir: Cisneros se va o lo cuelgan. ¿Pero quién se lo dice? De nuevo Castelli y el coronel cruzan la Plaza y van a la fortaleza a persuadir al virrey. Hay un último intento del español por formar una junta que lo incluya, pero Castelli, que tiene 43 años y está enfermo de cáncer, se opone. Los "duros" juegan a todo o nada. Cisneros trata de ganarse al vanidoso Saavedra, pero el coronel ya acaricia la gloria de una fecha inolvidable. Quizá piensa en George Washington mientras Castelli se imagina en la comuna francesa. Su Robespierre es un joven llamado Mariano Moreno, que espera el desenlace en lo de Nicolás Peña.

Entre tanto French, que teme una provocación, impide el paso a la gente sospechosa de simpatías realistas. Sus oficiales controlan los accesos a la Plaza y a veces quieren mandar más que los de Saavedra. Por el momento la discordia es sólo antipatía y los caballos se topan exaltados o provocadores. Al amanecer, Beruti, por orden de French, derriba la puerta de una tienda de la recova y se lleva el paño para hacer cintas que distingan a los leales de los otros. Alguien toma nota y nace la leyenda de la escarapela en el pecho.

Al amanecer, para guardar las formas, el Cabildo considera la renuncia de Cisneros, pero la nueva Junta de gobierno ya está formada. Escribe el catalán Domingo Matheu: "Saavedra y Azcuénaga son la reserva reflexiva de las ideas y las instituciones que se habían formado para marchar con pulso en las transformaciones de la autognosia (sic) popular; Belgrano, Castelli y Paso eran monarquistas, pero querían otro gobierno que el español; Larrea no dejaba de ser comerciante y difería en que no se desprendía en todo evento de su origen (español); demócratas: Alberti, Matheu y Moreno. Los de labor incesante y práctica eran Castelli y Matheu, aquél impulsando y marchando a todas partes y el último preparando y acopiando a toda costa vituallas y elementos bélicos para las empresas por tierra y agua. Alberti era el consejo sereno y abnegado y Moreno el verbo irritante de la escuela, sin contemplación a cosas viejas ni consideración a máscaras de hierro; de aquí arranca la antipatía originaria en la marcha de la Junta entre Saavedra y él." Matheu exagera su importancia. Todos esos hombres han sido carlotistas y, salvo Saavedra, son amigos o defensores de los ingleses que en el momento aparecen a sus ojos como aliados contra España.

El delirio y la compasión
La mañana del 25, cuando muchos se han ido a dormir y otros llegan a ver "de qué se trata", el abogado Juan José Castelli sale al balcón del Cabildo y, con el énfasis de un Saint Just, anuncia la hora de la libertad. La historiografía oficial no le hará un buen lugar en el rincón de los recuerdos. El discurso de Castelli es el de alguien que arroja los dados de la Historia.

Aquellas jornadas debían ser un simple golpe de mano, pero la fuerza de esos hombres provoca una voltereta que sacudirá a todo el continente. Dice Saavedra: "Nosotros solos, sin precedente combinación con los pueblos del interior mandados por jefes españoles que tenían influjo decidido en ellos, (...) nosotros solos, digo, tuvimos la gloria de emprender tan abultada obra (...) En el mismo Buenos Aires no faltaron (quienes) miraron con tedio nuestra empresa: unos la creían inverificable por el poder de los españoles; otros la graduaban de locura y delirio, de cabezas desorganizadas; otros en fin, y eran los más piadosos, nos miraban con compasión no dudando que en breves días seríamos víctimas del poder y furor español".

La audacia desata un mecanismo inmanejable. Saavedra es un patriota, no un revolucionario, pero no puede oponerse a la dinámica que se desata en esos días El secretario Moreno, un asceta de la revolución, dirige sus actos y sus órdenes a forzar esa dinámica para destrozar el antiguo sistema. Habla latín, inglés y francés con facilidad; ha leido &endash;y hace publicar&endash; a Rousseau, conoce bien la Revolución Francesa y es posible que desde el comienzo se haya mimetizado con el fantasma de un Robespierre que no acabará en la tragedia de Termidor. El ateo Castelli está a su izquierda, como French y el joven Monteagudo que maneja el club de los "chisperos". Todos ellos celebran en los templos del Norte el culto de La mort est un sommeil éternel, que Fouché y la ultraizquierda francesa usaron como bandera desde 1792. Belgrano, que es muy creyente, no vacila en proponer un borrador con apuntes sobre economía para el Plan terrorista que en agosto redactará Moreno.

En la primera junta gana la gauche (la acepción de "izquierda" se pronuncia, todavía, en francés): Moreno, Castelli y Belgrano son un bloque sólido con una política propia a la que por conveniencia se pliegan Matheu, Paso y el cura Alberti; Azcuénaga y Larrea sólo cuentan las ventajas que puedan sacar y simpatizan con el presidente Saavedra que a su vez los desprecia por oportunistas. Las discordias empiezan muy pronto, con las primeras resoluciones. Castelli parte a Córdoba y el Alto Perú como comisario politico de Moreno, que no confiaba en los militares formados en la Reconquista. Es él quien cumple las "instrucciones" y ejecuta a Liniers primero y al temible mariscal Vicente Nieto más tarde. Belgrano, el otro brazo armado de los jacobinos, va a tomar el Paraguay; no hay en él la cólera terrible de su primo, sino una piedad cristiana y otoñal que lo engrandece: en el Norte captura a un ejército entero y lo deja partir bajo juramento de no volver a tomar las armas. Manda a sus gauchos desharrapados con un rigor insostenible y no mata por escarmiento sino por extrema necesidad. Sufre sífilis, cirrosis y tiene várices, pero conserva la fe cristiana y el sentido del humor. Las victorias de Castelli en Suipacha y la suya en Tucumán afirman la posición de Moreno en la Junta, pero las catástrofes de fines de año aceleran su caída.

Frente a frente, uno de levita y otro de uniforme, Moreno de Chuquisaca y Saavedra de Potosí, se odian pero no se desprecian "Impío, malvado, maquiavélico", llama el coronel al secretario de la Junta; y cuando se refiere a uno de sus amigos, dice: "El alma de Monteagudo, tan negra como la madre que lo parió". El primer incidente ocurre cuando los jacobinos descubren que diez jefes municipales están complotados contra el nuevo poder. En una sesión de urgencia Moreno propone "arcabucearlos" sin más trámite, pero Saavedra le responde que no cuente para ello con sus armas. "Usaremos entonces las de French", replica un Moreno siempre enfermo, con el rostro picado de viruela, que acaba de cumplir 30 años. Al presidente lo escandaliza que ese mestizo use siempre la amenaza del coronel French, a quien hace espiar por sus "canarios", una especie de soplones manejados por el coronel Martín Rodríguez. Los conjurados salvan la vida con una multa de dos mil pesos fuertes, propuesta por el presidente. "¿Consiste la felicidad en adoptar la más grosera e impolítica democracia? ¿Consiste en que los hombres impunemente hagan lo que su capricho e interés les sugieren? ¿Consiste en atropellar a todo europeo, apoderarse de sus bienes, matarlo, acabarlo y exterminarlo? ¿Consiste en llevar adelante el sistema de terror que principió a asomar? ¿Consiste en la libertad de religión y en decir con toda franqueza me cago en Dios y hago lo que quiero?", se pregunta Saavedra en carta a Viamonte que lo amenaza desde el Alto Perú.

Desde fines de agosto, Moreno ha hecho aprobar por unanimidad el Plan secreto de operaciones que recomienda el terror como método para destruir al enemigo emboscado. Ese texto feroz, por momentos descabellado, no se conoció hasta que a fines del siglo XIX. Eduardo Madero -el constructor del puerto- lo encontró en los archivos de Sevilla y se lo envió a Mitre. Para entonces, los premios y castigos de la historia oficial ya estaban otorgados y Moreno pasaba por un periodista y educador romántico influido por las mejores ideas de la Revolución Francesa. Pero es la aplicación de ese método sangriento lo que garantiza el triunfo de la Revolución. Hasta la llegada de San Martín la formación de los ejércitos se hizo a punta de bayoneta, la conspiración de Alzaga, como la contrarrevolución de Liniers, terminaron en suplicio y los españoles descubrieron, entonces, que los patriotas estaban dispuestos a todo: "Nuestros asuntos van bien porque hay firmeza y si por desgracia hubiéramos aflojado estaríamos bajo tierra. Todo el Cabildo nos hacía más guerra que los tiranos mandones del virreinato", escribe Castelli antes de ser llevado a juicio.

El coronel manda parar
A principios de diciembre dos circunstancias banales sirven de pretexto a la ruptura entre Moreno y Saavedra que será nefasta para la Revolución. En la plaza de toros de Retiro el presidente hace colocar sillas adornadas con cojinillos para él y su esposa. Cuando las ve, Matheu hace un escándalo y argumenta que ningún vocal merece distinción especial. Pocos días más tarde, el 6, el regimiento de Patricios da una fiesta a la que asisten Saavedra y su mujer. En un momento un oficial levanta una corona de azúcar y la obsequia a la esposa que la entrega al Presidente, Moreno se entera y esa misma noche escribe un decreto de supresión de honores. Saavedra se humilla y lo firma, pero el rencor lo carcome para siempre. Poco después, el 18 de diciembre, mientras los Patricios se agitan y reclaman revancha por la afrenta civil, el coronel llama a los nueve diputados de las provincias para ampliar la Junta. Moreno -que intuye su fin- no puede oponerse a esa propuesta "democratizadora". El único que tiene el valor de votar en contra es el tímido tesorero Juan José Paso.

Moreno renuncia y el 24 de enero de 1811 se embarca para Londres. "Me voy, pero la cola que dejo será larga", les dice a sus amigos que claman venganza. También pronuncia un mal augurio: "No sé qué cosa funesta se me anuncia en mi viaje". En alta mar se enferma y nada podrá convencer a Castelli y Monteagudo de que no lo asesinaron. "Su último accidente fue precipitado por la administración de un emético que el capitán de la embarcación le suministró imprudentemente y sin nuestro conocimiento", cuenta su hermano Manuel, que agrega en la relación de los hechos el célebre "¡Viva mi patria aunque yo perezca!"

Saavedra ha liquidado a su adversario, pero la Revolución está en peligro. El español Francisco Javier Elío amenaza desde la Banda Oriental y no todos los miembros de la Junta son confiables. El 5 y 6 de abril el coronel Martín Rodríguez,con los alcaldes de los barrios, junta a los gauchos en Plaza Miserere y los lleva hasta el Cabildo para manifestar contra los morenistas. Saavedra, que jura no haber impulsado el golpe, aprovecha para sacarse de encima al mismo tiempo a jacobinos y comerciantes corruptos. Renuncian Larrea, Azcuénaga, Rodríguez Peña y Vieytes. Los peligrosos French, Beruti y Posadas son confinados en Patagones. Belgrano y Castelli pasan a juicio por desobediencia y van presos.

Pero Saavedra sólo dura cuatro meses al frente del gobierno. Ha acercado a Rivadavia al poder, pero el brillante abogado y los porteños se ensañan con éI y lo persiguen durante cuatro años por campos y aldeas; se ensañan también con Castelli, que muere deslenguado durante el juicio; con el propio San Martín que combate en Chile; con Belgrano que muere en la pobreza y el olvido gritando el plausible "¡ Ay patria mía! " Pese a todo, la idea de independencia queda en pie levantada por San Martín, que se ha llevado como asistente a Monteagudo, "el del alma más negra que la madre que lo parió". Los ramalazos de la discordia duran intactos medio siglo y se prolongan hasta hoy en los entresijos de una historia no resuelta.



Gracias muchachos por inventar un país,el más lindo del mundo,con perdón del resto de América Latina...
Daniel Paz & Rudy

cuando se tortura,no se toma chocolate,ni se baila samba

ANOS DE CHUMBO

General, volte às pantufas!

Por Luiz Cláudio Cunha
Aos 91 anos, o general Leônidas Pires Gonçalves, oficial da artilharia e ministro do Exército do Governo Sarney, recrudesceu: tirou o pijama, trocou a pantufa pelo coturno, armou o canhão, mirou a presidente Dilma Rousseff e bombardeou a Comissão da Verdade. Tudo isso numa entrevista à repórter Tânia Monteiro, de O Estado de S.Paulo (sexta-feira, 18/5), que funcionou como fogo de barragem para os velhos companheiros de farda envolvidos com a repressão, a tortura e o desaparecimento de presos durante a ditadura ardorosamente defendida pelo general quase centenário. É a voz militar mais graduada a contestar a determinação presidencial de investigar a verdade e é a opinião mais desastrada no coro cada vez mais idoso de velhos radicais que ainda respiram o ar saturado da Guerra Fria.
Leônidas defendeu o Exército (“sumariamente julgado e punido”), os militares (“injustiçados”), o ex-ministro da Defesa Nelson Jobim (“ele se colocava”) e atacou a presidente da República (“deveria ter a modéstia de esquecer o passado e olhar para a frente”), a Comissão da Verdade (“uma moeda falsa, que só tem um lado”) e os que clamam pelo fim da impunidade aos torturadores (“é impossível mexer na Lei da Anistia, fruto de um acordo no passado e que foi chancelada pelo Supremo Tribunal Federal”).
A bomba mais explosiva ficou para a resposta final, em tom de ameaça: “Se quiserem fazer pressão no Supremo, o Poder Moderador tem que entrar em atuação no país”. O general não fazia, aqui, uma menção nostálgica à bonomia dos monarcas da Casa de Bragança, que ocupou no Império brasileiro a posição de árbitro entre os poderes para dar estabilidade política à nação durante 67 anos, até o advento da República. Leônidas não clamava pelo império da moderação, mas brandia a ameaça da república da repressão, que quebrou a ordem constitucional em 1964 e impôs a anarquia ilegal da ditadura militar durante 21 anos de treva.
Exercício do cinismo
Um regime que teve muito poder e, como bem sabe o general Leônidas, nada teve de moderador. Fechou o Congresso três vezes, prendeu, torturou, sequestrou e matou milhares de opositores, violou a soberania da universidade e a independência dos tribunais, cassou mandatos políticos e aposentou professores, baniu e exilou opositores, fechou sindicatos e calou sindicalistas, amordaçou a imprensa e sufocou as artes, impôs o medo e jogou o país no porão de uma longa e nada branda ditadura de duas décadas, uma das mais sangrentas do Cone Sul do continente. O nostálgico general Leônidas agora quer repetir tudo aquilo, outra vez, sob o pretexto de ‘proteger’ o Supremo? Conta outra, general!…
A memória seletiva e precária do general esquece que a Lei da Anistia, ao contrário do que ele diz, não foi “fruto de um acordo”. Passou apertado, raspando, por apenas cinco votos (206 a 201) num Congresso dominado pelo partido da ditadura, a Arena, que mantinha sua maioria a ferro e fogo, à custa das cassações de mandatos e da violência do AI-5, para controlar o irrefreável crescimento da legenda da oposição, o MDB. A lei foi votada e formatada sob o arbítrio do general Figueiredo, em agosto de 1979, seis anos antes da queda do regime, num texto lapidado cuidadosamente pelos comandantes militares para acomodar uma esdrúxula invenção jurídica: o “crime conexo de sangue”, vil esperteza dos quartéis para equiparar torturados e torturadores com a mesma anistia– indiscriminada, desigual e injusta.Uma anistia costurada sob o molde caviloso da repressão para estender o espesso manto da impunidade sobre os crimes de quem nunca foi acusado, julgado, processado e condenado.
Com o cinismo que a idade avançada não desbotou, o general Leônidas tenta justificar os abusos de seus velhos companheiros de farda e truculência: “O soldado é um cidadão de uniforme para o exercício cívico da violência”, disse em entrevista a Geneton Moraes Neto da Globo News, sem explicar onde escavou este sofisticado raciocínio que nivela todos os exércitos pela vala comum do arbítrio. O general ignora os exemplos na História de forças armadas que se mobilizaram, em momentos cruciais, pela preservação de valores perenes da democracia e da civilização.
Fã clube do Reich
Um exército, esquece o cínico Leônidas, pode ser a reunião de homens fardados que lutam pelo exercício da liberdade contra o nazifascismo. Pode, por exemplo, ser a força armada que se levanta em defesa da Constituição, como fez o III Exército ao cerrar fileiras com o governador Leonel Brizola e o povo gaúcho na Campanha da Legalidade de 1961. Pode também se alçar pela afirmação da autoridade constitucional do presidente, como fez o marechal Henrique Lott para sufocar a quartelada golpista de 1955 que tentava bloquear a posse de Juscelino Kubitschek. O general Leônidas, aparentemente, devia ser na sua tenra juventude um cidadão fardado que se imaginava autorizado ao exercício cívico da violência contra a ordem constitucional e os direitos fundamentais da pessoa humana. Faz sentido.
Leônidas Pires Gonçalves perdeu a chance de ser um dos heróis brasileiros da luta da Força Expedicionária Brasileira contra o III Reich, na campanha na Segunda Guerra Mundial, simplesmente porque estava do lado errado.Aos 23 anos, foi alijado da FEB porque teve o azar de ser, na época, ajudante de ordens do coronel Álcio Souto, um notório simpatizante da Alemanha que o Brasil combateria, com seus pracinhas, na frente de batalha da Itália. No livro A Ditadura Derrotada, o jornalista Elio Gaspari conta que Souto, então comandante da Escola Militar do Realengo e chefe de Leônidas, costumava levar seus cadetes nos primeiros anos da guerra a um cinema do subúrbio carioca onde o adido militar da embaixada de Adolf Hitler costumava exibir filmes sobre os avanços avassaladores dablitzkrieg da Reich alemão. O filho Alvir, general reformado, negou tempos atrás estas empolgadas matinês, dizendo que o pai não era nazista: “Ele não admirava o Reich, mas sim o Exército alemão”, justificou, como se fosse possível separar uma coisa e outra.
Geisel e seu ídolo
O filonazismo verde-amarelo não era uma exclusividade do comandante do então tenente Leônidas, mas era extensivo aos chefes supremos do regime do Estado Novo, que se espelhava na pátria da Wehrmacht hitlerista.O major de artilharia Affonso Henrique de Miranda Corrêa, o segundo homem de Filinto Muller na chefia de polícia da ditadura de Getúlio Vargas, foi mandado à Alemanha para um estágio de um ano na Gestapo, onde acabou condecorado por seu chefe, Heinrich Himmler, o mentor da ‘solução final’ dos campos de concentração. Os dois maiores líderes militares do país, os generais Eurico Gaspar Dutra (ministro da Guerra) e Góis Monteiro (chefe do Estado Maior do Exército), não escondiam sua admiração pelo Reich.
Dutra comemorou a queda de Paris sob o tacão nazista com uma festa em sua casa. Meses antes, Góis Monteiro fazia as malas para chefiar uma comitiva de oficiais que viajaria a Berlim para conhecer a “gigantesca obra de reconstrução nacional” da Alemanha quando o embarque foi abortado. As divisões Panzer de Hitler acabavam de cruzar a fronteira da Polônia, dando início à Segunda Grande Guerra. Um dos oficiais da comitiva que perdeu a instrutiva viagem foi um capitão chamado Ernesto Geisel, que se confessava um admirador do líder fascista italiano Benito Mussolini. No Brasil, a afeição de Geisel era reservada ao chefe de Leônidas, coronel Álcio Souto, que chegou ao generalato como chefe do gabinete militar do presidente Dutra, o simpatizante nazista que se rejubilou com o desfile das tropas hitleristas sob o Arco do Triunfo parisiense.
Susto e chocolate
Foi neste festivo entorno nacional-socialista que o futuro cidadão de uniforme Leônidas Pires Gonçalves forjou o seu cívico espírito da violência. “Na hora de dar chocolate, não se dá tiro. E, na hora de dar tiro, não se dá chocolate”, filosofou o general Leônidas na Globo News. Debochado, o ex-ministro do Exército desdenha das vítimas da repressão: “Quem começa guerra não pode lamentar morte”. Ironiza as denúncias (“Hoje todo mundo diz que foi torturado para receber a bolsa-ditadura”) e duvida do assassinato do jornalista Vladimir Herzog sob torturas no DOI-CODI de São Paulo, em 1975: “Eu não tenho convicção de que Herzog tenha sido morto… um homem não preparado e assustado faz qualquer coisa. Até se mata”, explicou a Geneton Moraes Neto.
O Leônidas que bate em Dilma e na Comissão da Verdade com espartana disciplina desenvolveu a exótica teoria de que os maiores líderes do regime deposto – Jango, Brizola, Prestes, Arraes– não foram exilados. “Eles saíram do Brasil porque quiseram. Eram fugitivos”, zombou o general, que tem a absurda certeza dos justos no regime injusto da ditadura: “Nós nunca prendemos ninguém que não tenha feito nada. De todas as pessoas presas, ninguém era inocente. Todos eles tinham alguma coisa que estavam cometendo de errado”. Na lógica cartesiana de Leônidas, a simples prisão já era, por si só, a condenação, líquida e certa. Os ídolos nazistas dos velhos comandantes de Leônidas ficariam orgulhosos do provecto general, ainda rijo na sua pétrea subordinação ao autoritarismo.
Desafio aos desaparecidos
Durante quase três anos da fase mais turbulenta da ditadura, de abril de 1974 a fevereiro de 1977, Leônidas foi o chefe do Estado-Maior do I Exército, sediado no Rio de Janeiro. Como tal, era o comandante imediato do DOI-CODI baseado no quartel da Polícia do Exército na afamada rua Barão de Mesquita, um dos endereços mais sinistros da repressão no Brasil.
Quando o quartel general do I Exército esteve sob o comando do general linha-dura Sylvio Frota, entre julho de 1972 e março de 1974, conforme apurou o jornal O Globo, o DOI-CODI carioca era um centro de morte. Naquele espaço de 21 meses, contou o jornal, morreram 29 presos nas suas masmorras, então sob a administração do notório major Adyr Fiuza de Castro, um dos radicais mais temidos do regime. Pois bastou que ele chegasse ali em abril de 1974, diz o general Leônidas, e a paz celestial dos anjos se instalou naquele antro de terror e violência. “Não houve tortura na minha área”, jurou ele na Globo News. Na semana passada, n’O Estado de S.Paulo, o general voltou a desafiar: “Nunca apareceu nada, nem ninguém, que tivesse alegado ter sido torturado. Eu já desafiei que alguém se apresentasse na TV e nunca apareceu nada”.
Não apareceu, talvez, porque os desaparecidos jamais reapareciam, naqueles tempos amargos em que não se dava chocolate na hora de dar tiro. De acordo com o Dossiê Ditadura – Mortos e Desaparecidos Políticos no Brasil 1964-1985, publicado em 2009, a lista oficial de 138 desaparecidos políticos no país registra 31 nomes que se evaporaram no Rio de Janeiro entre 1970 e 1978.Desses, seis desapareceram justamente nos anos de 1974 e 1975, quando o DOI-CODI do Rio, que coordenava a repressão na área, estava sob o comando direto do general Leônidas. Integram a lista Armando Teixeira Frutuoso, Fernando Augusto Santa Cruz Oliveira, Jayme Amorim Miranda, Orlando da Silva Rosa Bonfim Júnior, Thomaz Antônio da Silva Meirelles Neto e Eduardo Collier Filho, que jamais poderão desmentir o general porque estão irremediavelmente desaparecidos.
Morte no entorno do general
Sabe-se agora o destino final de apenas um deles: o jovem pernambucano Eduardo Collier Filho, 25 anos, foi preso pelo DOI-CODI carioca em 23 de fevereiro de 1974, dois meses antes da providencial chegada do general Leônidas ao Rio, e acabou tempos depois virando cinzas num forno de uma usina de açúcar de Campos, interior fluminense, usada pela repressão para eliminar vestígios dos desaparecidos. A confissão foi feita pelo ex-delegado do DOPS capixaba Cláudio Guerra, que acaba de lançar Memórias de Uma Guerra Suja, um livro devastador sobre as atrocidades do regime que dava pouco chocolate e muito tiro.
Outros seis militantes da esquerda, da lista carioca de 31 desaparecidos, sumiram em 1973, um ano antes de Leônidas desembarcar no DOI-CODI do Rio. Entre eles, Caiupy Alves de Castro, Ramires Maranhão do Vale, Umberto Albuquerque Câmara Neto, Vitorino Alves Moitinho, Honestino Monteiro Guimarães – e o ex-major do Exército Joaquim Pires Cerveira, 50 anos, sequestrado em Buenos Aires pela ‘Operação Condor’ e trazido ao Brasil clandestinamente pelo delegado Sérgio Fleury, do DOPS paulista. Cerveira foi visto no DOI-CODI da Barão de Mesquita, duramente torturado, e acabou também incinerado no forno da usina, conforme denúncia do delegado Guerra.
No ano da graça de 1971, sumiram outros 10 militantes da lista de 31 desaparecidos do Rio, incluindo o deputado Rubens Paiva e Stuart Edgar Angel Jones, 26 anos, filho da estilista Zuzu Angel. Ela passou os cinco anos seguintes denunciando ao mundo a responsabilidade direta da ditadura brasileira na tortura e morte do jovem. Fez isso, incansável, até a estranha madrugada de abril de 1976 em que o carro que dirigia, um Karmann-Ghia, capotou no túnel Dois Irmãos e despencou na ladeira da Estrada da Gávea, morrendo na hora – um acidente forjado pelo DOI-CODI carioca do achocolatado general Leônidas, conforme denúncia do ex-delegado Cláudio Guerra. Uma semana antes do acidente, Zuzu deixara na casa do compositor Chico Buarque de Holanda um documento em que escreveu: “Se eu aparecer morta, por acidente ou outro meio, terá sido obra dos assassinos do meu amado filho”.
A nostalgia de 1964
Quando essas coisas sinistras aconteceram, o general Leônidas era o chefe imediato da central de repressão mais ativa e bem informada do Rio de Janeiro. Mas as cenas estranhas que atormentavam a cidade e a alma brasileira pareciam não dizer respeito ao chefe do Estado-Maior a que se subordinava o DOI-CODI, que o general Leônidas garantia estar subitamente domado em sua pacífica administração. Os desaparecimentos que teimavam em acontecer nas redondezas e nos porões, aparentemente, não quebravam a imaculada mansidão de seu comando: “Desafio, desafiei lá e desafio agora alguém que tenha sido torturado, ou tenha sofrido qualquer restrição maior do que as técnicas nos prometiam, que era o isolamento”, repete Leônidas.
O general não nega, com a vaidade previsível, a responsabilidade direta pela chamada “Chacina da Lapa”, a morte da cúpula do PCdoB numa casa do bairro paulistano onde o partido se reunia em dezembro de 1976 para avaliar a guerrilha do Araguaia. A revelação nasceu no comando de Leônidas, que admitiu ter pago R$ 150 mil à filha de um ex-dirigente da organização, Manoel Jover Telles, para delatar o dia e o local do encontro. A operação de cerco e extermínio foi planejada na central de repressão da rua Barão de Mesquitapelo coronel Freddie Perdigão, chefe da Agência Rio do SNI e braço executor (lato sensu) do DOI-CODI, conforme denuncia o ex-delegado Guerra. “Pagamos aos presos para eles delatarem os outros”, explicou-se o general Leônidas, com a convicção do soldado dedicado ao exercício cívico da violência. Ele não se arrepende do que enfrentou: “Guerra é guerra”, disse na Globo News. “Guerra não tem nada de bonito – só a vitória. E nós tivemos. A vitória foi nossa. Porque este país caiu na democracia que nós queríamos”.
Agora, assustado com a aparição da Comissão da Verdade que ameaça dissecar a ‘democracia’ e o ciclo de violência em que caiu o país que queriam os militares em 1964, o general Leônidas ameaça resistir à pressão da verdade com o surrado tacape do ‘poder moderador’. Alguém precisa avisar ao veterano golpista dos idos de 64 que a democracia brasileira já não teme cara feia, nem se assusta com fantasmas do passado.
Mais consolador ainda seria ouvir dele um educado e cabal pedido de desculpas ao país pela grosseria. Na sua idade, o velho e imoderado chefe militar não merece nada mais do que um chocolate. Por favor, general Leônidas, volte às pantufas!
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A lista dos 31 desaparecidos no Rio de Janeiro, segundo oDossiê Ditadura – Mortos e Desaparecidos Políticos no Brasil 1964-1985, publicado em 2009:
Antônio Joaquim Machado, 31 anos, desaparecido em 1971
Armando Teixeira Frutuoso, 54, desaparecido em 30/8/1975
Boanerges de Souza Massa, 34, desaparecido em 1972
Caiupy Alves de Castro, 45, desaparecido em 21/11/1973
Carlos Alberto Soares de Freitas, 32, desaparecido em 1971
Celso Gilberto de Oliveira, 25, desaparecido em 10/12/1970
Eduardo Collier Filho, 26, desaparecido em 23/2/1974
Félix Escobar Sobrinho, 47, desaparecido em agosto de 1971
Fernando Augusto Santa Cruz Oliveira, desaparecido em 1974
Heleny Telles Ferreira Guariba, 30, desaparecida em 1971
Honestino Monteiro Guimarães, 26, desaparecido em 1973
Ísis Dias de Oliveira, 30, desaparecida em 1972
Ivan Mota Dias, 28, desaparecido em 1971
Jayme Amorim Miranda, 48, desaparecido em 1975
Joaquim Pires Cerveira, 50, desaparecido em 1973
Joel Vasconcelos Santos, 23, desaparecido em 1971
Jorge Leal Gonçalves Pereira, 31, desaparecido em 1970
Mariano Joaquim da Silva, 41, desaparecido em 1971
Norberto Armando Habeger, 29, desaparecido em 1978
Orlando da Silva Rosa Bonfim Júnior, 60, desaparecido em 1975
Paulo César Botelho Massa, 26, desaparecido em 1972
Paulo Costa Ribeiro Bastos, 27, desaparecido em 1972
Paulo de Tarso Celestino da Silva, 27, desaparecido em 1971
Ramires Maranhão do Vale, 22, desaparecido em 1973
Rubens Beirodt Paiva, 41, desaparecido em 1971
Sérgio Landulfo Furtado, 21, desaparecido em 1972
Stuart Edgar Angel Jones, 26, desaparecido em 1971
Thomaz Antônio da Silva Meirelles Neto, 36, desaparecido em 1974
Umberto Albuquerque Câmara Neto, 26, desaparecido em 1973
Vitorino Alves Moitinho, 24, desaparecido em 1973
Walter Ribeiro Novaes, 31, desaparecido em 1971
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[Luiz Cláudio Cunha é jornalista]