lunes, 15 de enero de 2018

¿HUNDIERON LOS CHILENOS EL ARA SAN JUAN ?

Compartimos la nota publicada por el administrador del sitio ruso Newsstreet, en la que se plantea la existencia de un informe del Consejo de Seguridad del Kremlin en el que se detalla lo ocurrido con el submarino ARA San Juan. Dados los intereses en juego, de ser cierto lo que se afirma, ni el Gobierno de la Argentina ni la Armada podrían confirmar públicamente algo así. Considerando el desdén que ha tenido el Gobierno por el caso, la escasa búsqueda que se sigue realizando y los intentos mediáticos por dejar de hablar del tema, creemos que dada la verosimilitud de la información, la misma debe ser publicada y debatida:
Un nuevo informe del Consejo de Seguridad ruso que circula en el Kremlin dice que el presidente Donald Trump hizo una solicitud para una conversación urgente (14 de diciembre) con el presidente Putin , durante la cual se horrorizó después de que Putin informara que la Armada Real Británica y la Armada de Chile estaban realizando maniobras en el Atlántico Sur cerca de Islas Malvinas y que, de hecho, fueron ellos quienes hundieron al ARA San Juan, el submarino argentino.
Días antes, Alexei Zhitnyuk fue detenido y arrestado por el FSB por traición el 30 de noviembre después de que trató de obtener acceso a documentos navales secretos rusos y archivos relacionados con el buque de guerra especial de 5320 toneladas Yantar de la Flota del Norte. En cuanto a por qué la CIA quería recibir información sobre el buque militar de propósito especial Yantar, explicado en este informe, esto se debe al hecho de que está equipado con un vehículo sumergible DSV (Proyecto 1681x ) de la clase Consul y el 22 de noviembre fue enviado a la búsqueda del submarino de la Armada Argentina San Juan ( S-42 ), que desapareció el 15 de noviembre con 44 miembros de la tripulación a bordo en las aguas del Atlántico Sur, cerca de las islas Malvinas, y cuyo último “evento”, era “anómalo, singular, corto, violento y no nuclear, consistente con una explosión“.
Los familiares de los tripulantes del submarino San Juan informaron que recibieron informes de que estaban siendo perseguidos por un helicóptero de la Marina Real Británica y un buque de guerra de la Armada de Chile, continúa el informe. El MI pudo confirmar que la Royal Navy británica y la Armada de Chile habían llevado a cabo maniobras antisubmarinas en las aguas alrededor de las Islas Falkland.
El barco Yantar descubrió que el submarino hundido de San Juan fue dañado de acuerdo con el tipo de daño de las armas utilizadas por el avión antisubmarino  de la fuerza naval chilena C-295 . Luego de que el Ministerio de Defensa de Rusia informó al Ministerio de Defensa Nacional de Chile sobre los hallazgos basados ​​en la información recibida por Yantar sobre la causa del hundimiento del San Juan, el informe señala que la flota chilena comenzó su propia investigación y esto llevó al hecho de que el 13 de diciembre fueron pasados a retiro cinco altos almirantes. Estos son sus nombres: el vicealmirante Kurt Hartung, el contraalmirante Jorge Rodríguez, el contraalmirante David Hardy, el contraalmirante Hernán Miller y el contraalmirante L. Mario Montejo. El mayor temor expresado por el presidente Trump al presidente Putin en relación con el hundimiento del San Juan es que se dice en este informe que la CIA colaboró ​​secretamente con la flota chilena y les proporcionó el AQS-24B Minehunting Systemun sistema experimental que, durante las pruebas, identificó erróneamente al submarino argentino como “el objetivo electrónico”.
Malestar ruso porque no autorizan a su buque a buscar al submarino dónde creen que está
No es posible confirmar el informe ruso, pero hay un indicio que hace que tome verosimilitud y es la negativa del gobierno argentino a que el buque de rescate ruso pueda rastrear la zona donde según sus datos se puede encontrar el submarino desaparecido.
Tras hacer los cálculos pertinentes la Marina rusa llegó a la conclusión de que el ARA San Juan se hundió muy lejos de la zona de búsqueda que se le ha asignado, concretamente a unos 200 kilómetros al suroeste. En consecuencia pidió que se autorizara a su buque oceanográfico Yantar a buscarlo en esa nueva ubicación pero, muy sorprendentemente, la misma le fue denegada, según se les hizo saber, no por decisión de la Armada, sino por la del Gobierno nacional.
Con el Yantar surto en Puerto Nuevo, diplomáticos rusos hicieron conocer su descontento al Grupo Parlamentario de Amistad con la Federación Rusa, cuyo presidente, el diputado nacional Carlos Gastón Roma (Cambiemos, Tierra del Fuego) prometió hacer gestiones para revocar esa negativa.
El gobierno ruso está dispuesto a que el Yantar, un buque que tiene equipamiento para fotografiar y filmar pecios hundidos a más de mil metros de profundidad, lo que puede establecer si las causas del siniestro fueron endógenas o exógenas, reanude la búsqueda del submarino argentino durante todo un mes, pero no en la vasta área que se le asignó y en la que consideran que es imposible que esté, de acuerdo con Pájaro Rojo.
El descontento ruso no es un tema menor ya que el presidente Mauricio Macri tiene programado estar el próximo martes 23 de enero en Moscú y entrevistarse con Vladimir Putin.
Según los voceros oficiosos de la Embajada de Rusia, además de encontrarse muy al norte y al este del punto donde es más probable que se encuentre un ARA San Juan convertido en sarcófago de sus infortunados 44 tripulantes, el área asignada al Yantar fue artificialmente extensa, sospechan que para hacerles perder el tiempo a sus oficiales, forzándolas a dar vueltas como un burro uncido a la noria, en beneficio de sus competidores estadounidenses, cuyos equipos de búsqueda llegan a menores profundidades.
El miércoles a la madrugada la Cámara de Diputados aprobó la creación de una "Comisión Especial Investigadora sobre la Desaparición, Búsqueda y Operaciones de Rescate del Submarino ARA San Juan" cuyo objetivo será "el análisis, la evaluación y el esclarecimiento de las causas y circunstancias del siniestro de la embarcación, el desarrollo de las acciones desplegadas por el Estado argentino para su hallazgo y el desempeño de la cooperación internacional recibida para su localización y rescate".
El proyecto, presentado por el diputado Guillermo Carmona (FpV, Mendoza) con el apoyo de todos los bloques, prevé que sea una comisión bicameral formada por seis diputados y seis senadores, para lo que aún debe ser aprobado por la Cámara alta, pero se baraja la alternativa de que comience a funcionar en pleno receso veraniego como una comisión ad hoc de la Cámara de Diputados, siendo claros candidatos a integrarla, además de Carmona, la diputada correntina Araceli Ferreyra (Movimiento Evita) y el ex ministro de Seguridad porteño y ex embajador en la República Oriental del Uruguay, Guillermo Montenegro (PRO, Cambiemos).
Como teme que las sospechas y denuncias acerca de que habría ocultado información le haga mella, el Gobierno intentará por todos los medios que la comisión esté presidida por Montenegro, que además de haber cursado en el Liceo Naval es hijo del oficial de la Armada homónimo que habría sido submarinista.
Buque estadounidense se retira de la búsqueda del ARA San Juan
Otro dato que levanta sospechas es que Rusia es el único país extranjero que permanecerá en la zona de búsqueda en el mar argentino.
El buque oceanográfico estadounidense Atlantis se retirará de la zona de búsqueda del submarino desaparecido ARA San Juan, informó este miércoles la Armada argentina en un comunicado.
"El Atlantis regresará a las tareas con las que estaba comprometido al momento de producirse el incidente del submarino ARA San Juan", dice el comunicado difundido a través de la cuenta de la Armada en la red social Twitter.
De acuerdo al informe, la flota rusa permanecerá en la zona hasta mediados de enero. Por esas fechas el presidente Mauricio Macri viajará a Moscú a reunirse con su par Vladimir Putin, por lo que se presume que podría haber negociaciones para extender la misión en caso de no hallar antes la embarcación, señalan fuentes oficiales.
El submarino ARA San Juan desapareció el pasado 15 de noviembre con 44 tripulantes a bordo, en las aguas del mar argentino y a 200 kilómetros de la costa de Chubut, cuando navegaba hacia Mar Del Plata desde Ushuaia.
La Armada descartó encontrar con vida a la tripulación y concentra sus esfuerzos en rescatar la nave.
Familiares de tripulantes del ARA San Juan denuncian abandono
Tras la retirada del buque estadounidense Atlantis, los familiares de los pilotos del submarino argentino desaparecido denunciaron que las autoridades locales los están dejando solos.
Medios argentinos informaron que tras el retiro del buque norteamericano Atlantis de la zona de búsqueda del buque ARA San Juan, los familiares de los 44 tripulantes del submarino desaparecido exigieron respuestas sobre el paradero de la embarcación y denunciaron la falta de apoyo.
"Nos van dejando sin búsqueda y esto es el reflejo del poco apoyo que tuvimos del presidente Mauricio Macri, al que le pedimos que nos reciba y escuche en esta lucha de dolor y angustia", expresó a medios locales, Ruth Gómez, embarazada de seis meses y esposa del tripulante cabo principal Mario Toconás.
Gómez mencionó que los familiares de los tripulantes pasaron la noche buena más dolorosa que cualquier ser humano pueda vivir. "Necesitamos verdad, lucha y búsqueda permanente para poder estar en paz", agregó.
La Armada argentina señaló en un comunicado el buque oceanográfico estadounidense Atlantis se retirará de la zona de búsqueda del submarino desaparecido ARA San Juan. Y explicaron que la decisión se tomó "tras finalizar el barrido de hasta dos veces las áreas asignadas".
El submarino ARA San Juan desapareció el pasado 15 de noviembre con 44 tripulantes a bordo, en las aguas del mar argentino y a 200 kilómetros de la costa de Chubut, cuando navegaba hacia Mar Del Plata desde Ushuaia.
La Armada descartó encontrar con vida a la tripulación y concentra sus esfuerzos en rescatar la nave.

LA GRAN MENTIRA DE CIUTDAN´s

Peridis

domingo, 14 de enero de 2018

sábado, 13 de enero de 2018

¿ESTUVO ALGUNA VEZ ENCENDIDA?


En estos momentos, y desde hace ya un tiempo, la izquierda no es una referencia política. Se sabe que está ahí, dividida, eso sí, que de vez en cuando alguno de sus exponentes dice algo en público sin que ello tenga mucha trascendencia y también que, semana tras semana, los sondeos concluyen que cae en conjunto y que ni aún unida alcanzaría el gobierno. No propone alternativa viable alguna sobre las cuestiones más calientes, sobre Cataluña en particular, ni tampoco es paladín de las causas sociales más urgentes. Y el indicador más claro de que las cosas le van mal es que empieza a atisbarse que puede fracturarse más aún de lo que ya está.
Hace unas semanas, exponentes del PSOE hicieron saber que su partido aparcaba por ahora el proceso de entendimiento con Unidos Podemos, que nunca arrancó de verdad. El miércoles, este diario anticipaba el texto que se presentará en la Coordinadora Federal de Izquierda Unida y en el que Alberto Garzón confirma que quiere replantearse la relación con Podemos. Veremos en qué terminan uno y otro aviso, pero no es difícil vislumbrar que ante las dificultades, cada cual se apunta a conservar lo poco o mucho que tiene, sin arriesgarse en aventuras en las que no creen.
El apagón de la izquierda es el dato crucial del panorama político general. Porque es la garantía de que no se va a producir movimiento alguno en el signo del poder político, de que la derecha va a seguir mandando. Y eso ocurre cuando Rajoy y el PP están más débiles que nunca, cuando la corrupción les acosa, cuando todo lo hacen mal o peor, cuando ni la propaganda más desvergonzada puede ocultar que son incapaces de paliar la crisis catalana, que han dejado en manos de unos jueces que actúan como políticos que se están cargando la democracia. Y cuando muchos de sus votantes dicen a los encuestadores que se pasarían de buen grado a las filas de Ciudadanos si ahora hubiera elecciones.
A menos que cambien mucho las cosas, el PSOE y Unidos Podemos van a asistir como espectadores silenciosos a esa pugna por la primacía de la derecha que se libra desde hace ya tiempo pero que los resultados de las elecciones catalanas han colocado en el primer plano de la escena política. La izquierda no es capaz de incidir en esa guerra que puede perfectamente terminar con la victoria del partido de Albert Rivera. Y en el plazo de un par de años.
Si tuviera algo más de fuerza y de convicción de la que tiene podría proponerse como una alternativa a los dos contendientes. Enarbolando la bandera de los intereses de la mayoría social que ni una ni otra derecha representan para nada. Aprovechando la tensión, enorme y creciente, entre el PP y Ciudadanos, para lanzar un mensaje de esperanza a los ciudadanos que no confían ni en Rajoy ni en Rivera, o que los detestan, pero que, hoy por hoy, no creen que sea posible apartarlos del poder.
No sería la primera que algo de eso ocurriera. Incluso en España: el éxito del PSOE en 1982 no habría sido posible sin la debacle de UCD, a la que en gran medida contribuyó la AP de Manuel Fraga. Pero para eso hacen falta elementos que ni el PSOE ni Unidos Podemos tienen en sus manos y que todo indica que no van a tener en el horizonte temporal previsible.
Para empezar, no tienen propuestas alternativas creíbles. Sí, uno y otro partido denuncian la desigualdad creciente, los bajos salarios, la desinversión en sanidad, educación e inversión pública, el recorte de derechos que se creían adquiridos para siempre. Pero ninguno de ellos da la impresión de tener muy claro cómo revertir esas tendencias. Porque la política no consiste sólo en hacer declaraciones sino en articularlas hasta el detalle y en preparar el terreno para que éstas puedan irse convirtiendo en realidad.
¿Y que han hecho el PSOE y Unidos-Podemos en ese camino? Poco o nada. No han ido más allá de las denuncias genéricas y de las ocurrencias puntuales. Y no existe nada parecido a la movilización social que podrían haber propiciado. Y que más que en manifestaciones rituales consiste en la creación de un ambiente, apoyándose en una trama militante que hay que organizar y alimentar cotidianamente. Pues, aunque no produzca resultados inmediatos, esa es la base de cualquier proyecto de transformación. Hoy, con internet, y siempre. Hay decenas de miles de ciudadanos dispuestos a contribuir en esa tarea. Pero nadie los convoca.
Son tan poderosos los motivos que justificarían una movilización con los objetivos antes citados, que si ésta existiera de verdad irradiaría todo el cuadro social y político. Sería un dato que hasta empresarios que no necesariamente están alineados con el actual poder, y otros muchos sectores, habrían de tener en cuenta a la hora de decidir cómo colocarse en la actual crisis política española. Que a nadie, salvo a la mayoría de los tertulianos, se le escapa que es gravísima.
Pero parece ser que ni los dirigentes del PSOE ni los de Unidos Podemos quieren salir a la calle. Los unos porque no puede hacer otra cosa que ocuparse del conflicto interno entre el sector conservador y el cada vez más inane que encabeza Pedro Sánchez que paraliza al partido desde hace casi tres años y que puede terminar abocándole a un entendimiento con el ganador de la pugna por el dominio de la derecha, o apoyando al PP como subrepticiamente ya está proponiendo el diario El País.
Y Unidos-Podemos porque sigue ensimismado y sin recursos para la acción, una vez agotada su máquina de crear novedades supuestamente impactantes y comprobado que el grupo parlamentario vale para poco una vez que el gobierno ha decidido pasar totalmente del parlamento y no mandar ni una línea a la carrera de San Jerónimo.
Es verdad que la prensa, por lo menos la grande, se ha olvidado de Unidos Podemos o sólo se acuerda de ellos para darles caña. Tampoco le hacen mucho caso al PSOE. ¿Pero a quién puede sorprender eso? ¿Por qué unos medios tan vinculados al poder iban a darles pábulo y más si no producen noticias? Quienes les critican, mejor harían en generar iniciativas reales que hasta ellos se verían obligados a reseñar.
El fracaso tanto del PSC como de los comunes en las elecciones catalanas ha puesto la debilidad de la izquierda al desnudo. Y, más allá de errores puntuales, lo cierto es que ni el PSOE ni Unidos Podemos han conseguido tener una voz propia en el conflicto político más grave que vive la sociedad española y que puede terminar arruinando nuestra democracia.
La postura de los socialistas, entregándose de pies y manos al PP sin asegurarse la mínima posibilidad de influir en los acontecimientos es injustificable. Un día tendrán que explicar por qué la tomaron. Pero Unidos Podemos no queda mucho mejor. Porque lo único que ha hecho es lanzar eslóganes. Primero el del “derecho a decidir”, luego el de “ni DUI ni 155”. Para terminar arrepintiéndose del uno y del otro cuando comprobó que los hechos los habían superado y que, además, no pocos de sus simpatizantes pedían una posición comprometida al partido, anti-independentista en la mayoría de los casos, y se han alejado del mismo viendo que nadie la tomaba.

DE REVOLUCIONARIOS DEL CAFE A COMBATIENTES DEL SALON O CACATUAS DE CONFESIONARIO

Rebeldes desde el sofá: la gran mentira de la indignación

Asamblea en la Puerta del Sol durante el 15-M. GONZALO ARROYO
Levantó del sofá a parte de la sociedad española, situó el país en el mapa de la revuelta, generó esperanza, puso los mimbres de una nueva forma de hacer política y aceleró el fin del bipartidismo en una nación asentada en tal dinámica. Era 2011, el despertar de la indignación y del 15-M en España. Era también la época en que las redes sociales deslumbraban y acercaban, peligrosamente, al interminable pozo de la opinatitis.
En 2012, además, la plataforma de origen estadounidense Change.org se fusionó con la española Actuable y comenzó a popularizarse en nuestro país una nueva forma de participación social que se sirve precisamente de la indignación como empuje: el clicactivismo. No es la única estructura que permite que cualquier ciudadano, presuntamente, genere cambios a golpe de clic. Existen también AvaazCitizenGoFacebook y hasta la organización conservadora HazteOir.org lo fomenta
Más de un lustro después, se impone la reflexión. ¿Hasta qué punto la indignación lleva a la acción? Y, mientras tanto, ¿nos ha convertido el proceso de indignarnos, al calor de las redes sociales, en jueces y opinadores de salón? Piensa el escritor Santiago Alba Rico, autor, entre otros volúmenes, de Ser o no ser (un cuerpo), publicado por Seix Barral en 2017, que "el que se indigna se cree justo" y siente, además "un enorme placer en sentirse justo y, por tanto, en indignarse". En este bucle en el que cualquiera puede convertirse en "justiciero", Alba Rico cree que "se han abierto dos vertientes: una positiva, resultado de una crisis institucional, como fue el 15-M, en la que una indignación colectiva puede ser matriz de cambios y de una nueva conciencia, y una segunda que fomenta que nos pasemos el día aplicando sentencias sumarísimas, como si viviéramos en un estado de guerra permanente".
"El problema llega cuando la indignación se fragmenta y se individualiza a través de las redes sociales. Lo propio de las guerras es que, mientras duran, se suspenden las garantías procesales que suelen conducir al fusilamiento del acusado. Estamos constantemente fusilando a todo el mundo, con el placer de sentirnos justos allí donde no podemos hacer otra cosa que indignarnos", desarrolla en conversación con Papel.


Esas mismas redes sociales son, sin embargo, las que permiten que el llamamiento de cualquier ciudadano tenga posibilidades de éxito a través un gesto que, en principio, es signo de generosidad: compartir. Sólo que en esta era lo que se comparten son peticiones de cambio digitales o posts indignados. José Antonio Ritoré, director de Change.org, menciona el caso de Anna González, cuyo marido fue atropellado por un camionero cuando montaba en bicicleta en 2013 y murió en el acto. El conductor no se detuvo, luego fue acusado de una imprudencia leve y, después, se archivó la causa. "Esto es imparable porque convierte a personas anónimas en líderes de movimientos. Este mes se vota en el Congreso la modificación del Código Penal para que se amplíe de cuatro a nueve años de prisión la condena para los conductores que arrollen a ciclistas o peatones. Anna puso de acuerdo a toda la comunidad ciclista y a todos los partidos", cuenta.
Ritoré reconoce que "son la indignación y el asombro los grandes movilizadores de opinión y de viralidad" y también que "esto no explotó hasta que lo hizo el 15-M". "Hay personas que deciden convertir la indignación en acción y usan el punto de partida de la petición. Son personas que lanzan un grito al vacío, en un momento de desahogo y, al final, Change canaliza ese desahogo en empoderamiento", resume.
Es lo que el escritor y ensayista Eloy Fernández Porta -Premio Anagrama en 2010 y Premio Ciudad de Barcelona de ensayo en 2012- describe como la indignación que "hace hablar bien". "El indignado se vuelve locuaz, elocuente, se hace escuchar llevado por la ira, encuentra de pronto en su vocabulario términos que no suele usar y formas sintácticas que no se le habían oído antes".
"Según la teoría clásica de la argumentación, la indignatio tiene el propósito de conmover a los oyentes para que simpaticen con la indignación del orador, detestando, como él, a sus adversarios y sintiendo desdén por los actos que él mismo desdeña. En la Grecia clásica, sólo Aristóteles defendió el valor oratorio de la indignación, porque el código argumentativo imponía dejar fuera del discurso los factores emotivos y pasionales para atenerse a los hechos", amplía este escritor.


Pero la indignación es básicamente emoción, y así la define, entre otros, la investigadora Emmy Eklundh que, en 2014, analizó el movimiento en su ensayo Who is speaking? The indignados as political subjects: "Uno podría decir que los indignados no tienen una reclamación unificada, algo que es común en los movimientos de protesta, como el feminismo, el movimiento gay o los verdes. Su nombre es una emoción en sí misma y no una reclamación", afirmaba.
En ¡Indignaos!Stephane Hessel advertía de que era la "indiferencia la peor de las actitudes". Y el intelectual Fabrizio Andreella recuerda que, el 11 de febrero de 1917, Antonio Gramsci publicaba en La Città Futura "un apasionado artículo en contra de la indiferencia como 'peso muerto de la historia' que 'opera pasivamente pero opera'". "Odio a los indiferentes porque me molesta su lloriqueo de eternos inocentes", escribía. Un siglo más tarde, Andreella insta a preguntarse "cuáles son hoy los nuevos rostros de la indiferencia y del lloriqueo inocente".
Sostiene este escritor italiano que "una nueva forma sutil de indiferencia es la indignación, que es una especie de indiferencia con verborrea". "Todos nos indignamos por algo. Por lo que hacen el Gobierno, los jóvenes, los medios, la economía, la Iglesia, los yihadistas, los pedófilos... Cada quien tiene su dosis de indignación que defecar y, ahora, las letrinas más populares tienen paredes transparentes: se llaman redes sociales. Hoy, indiferencia e indignación van de la mano, se sostienen la una a la otra. La primera sirve para sobrevivir al fracaso de los sueños colectivos. La segunda, para no cargar con la responsabilidad o complicidad de ese fracaso".
Su discurso se alinea con el de Alba Rico cuando éste afirma que "cada uno se aferra a su propia indignación como un indicio irrefutable de su propia capacidad para la justicia". "En paredes virtuales fusilamos a quien no nos cae bien y esto es peligroso porque las redes han eliminado las mediaciones. Pensamos directamente en la Redy esto obliga a replantearnos en términos jurídicos la frontera entre lo público y lo privado; la linde entre pensar y hablar ha quedado borrada porque el pensamiento de la humanidad queda expuesto a la luz", amplía.
Y se pregunta si "se pueden penalizar los pensamientos". "Diría que no. Ocurre ahora que el cerebro de la humanidad es enteramente transparente. Han quedado suspendidos los protocolos y las ceremonias, pensamos con nuestra indignación. No debería ser considerado delito pero deteriora los protocolos de convivencia que han permitido a los seres humanos relacionarse sin matarse", piensa.
Andreella cree que "la indignación se ha vuelto un género literario con la llegada de los social media, en un modelo de business donde el complot y la provocación son los ingredientes principales para organizar la admiración del ego hacia su misma perspicacia". Piensa este pensador muy preocupado por "esta época dura" en que vivimos que "la indignación se manifiesta como un estado de ánimo autosuficiente y endémico que ya no necesita de la realidad para sustentarse. Al contrario, determina la manera en que la realidad es percibida y estructurada".
Por todo lo anterior, considera Andreella que quedamos "atrapados en la indignación" y que, así, "no podemos intervenir en la realidad porque estamos demasiado preocupados en describirla". "Indignarse no es interesarse en la realidad sino más bien una toma de distancia psicológica que rechaza una implicación en lo que existe cerca de nosotros y hace evaporar las buenas intenciones".
Todo resulta bastante propio del carácter español porque, como afirma Borja Adsuara, profesor y consultor de estrategia digital, "tenemos un problema para asumir la parte de responsabilidad que nos toca". "No sabemos quejarnos, nos encanta hacerlo pero lo hacemos mal, de una forma más explosiva que efectiva. En un primer momento, la indignación es instintiva, desde el sofá, pero debería pasar de la protesta a la propuesta", apunta. Y defiende el valor de la indignación en tanto que, en esencia, "uno se indigna porque observa que algo va en contra de los derechos humanos y busca recuperarlos".
Sobre este nuevo activismo, apuntaJoaquín Marqués, profesor en la Universidad de Barcelona y autor de Los criterios de noticiabilidad como factor de éxito del clicactivismo, el caso de Change.org, que "el clicactivista no pasa a la siguiente fase por comodidad o por su situación personal". "Su comportamiento es poco reflexivo. Si una petición le despierta simpatías, habrá más posibilidades de que la firme, y esto depende de por qué canal le llegue; tendrá más eficacia si se la manda un amigo por WhatsApp, o si lo recomienda un influencer de su confianza".
Explica el investigador de la Universidad de Turku, en Finlandia, Henrik Serup Christensen, que los investigadores del slacktivism -participar de peticiones que nos hacen sentir bien con nosotros mismos pero no llegan a nada- están cada día más convencidos de que "la Red hace poco por ayudar a los ciudadanos a movilizarse". "Sólo los gestos cotidianos de una mayoría silenciosa y no las palabras memorables de una minoría habladora pueden renovar una ética y una política adecuada a los desafíos de esta época", propone Andreella.