jueves, 11 de abril de 2013

cada uno lo vivio de forma diferente

Dos voces que cuentan dos relatos de los 70

Eduardo Anguita y Martín Caparrós, autores de “La voluntad” –retrato de la militancia revolucionaria publicado en los 90–, dialogaron sobre el significado de una obra que los trasciende y cuya reedición hoy se lee de un modo distinto.

POR Horacio Bilbao

Eduardo Anguita y Martín Caparrós bifurcaron, hace rato, sus rumbos políticos. Pero hubo un tiempo, durante el menemato, en el que investigaron y publicaron un libro referencial sobre la militancia revolucionaria en la Argentina.

La voluntad, que apareció entonces por la editorial Norma, ahora vuelve en edición definitiva por Planeta. Son tres tomos, que barren historias sobre un período de 12 años (1966-1978), en los que el país vivió de cimbrón en cimbrón. Y todo eso se cuenta aquí con una voz coral: la de los propios militantes. Más allá del enorme valor que tuvo en su momento, y que por supuesto mantiene, La voluntad permite comparar el impacto de una misma historia desde dos contextos. Nadie que haya leído este libro en su primera edición y lo relea hoy lo verá con los mismos ojos. Es otro el mirador de la historia.
Decíamos que han elegido caminos distintos Anguita y Caparrós, y la evidencia está en los prólogos que cada uno escribió ahora. Pero también tienen muchas coincidencias, cristalizadas en esta entrevista que habla de Cámpora y de La Cámpora, que aborda la herencia de aquellas militancias en tiempos kirchneristas y que dice algo de los autores. Un libro y un debate necesario, sobre un tiempo bisagra de la Argentina.
-Empezaron a escribir La Voluntad hace 20 años, lo publicaron hace 15, en un momento en el que la militancia setentista, sus familiares, amigos, eran ninguneados y sufrían el impacto de las llamadas leyes del perdón. Ese trabajo, ¿tuvo alguna intencionalidad reivindicatoria de aquélla militancia?
-Caparrós: Más que reivindicar a la militancia, golpeada en ese momento, de lo que hablábamos era de la necesidad de restituir a esos militantes sus historias. Lo que se recordaba de ellos era el momento en que otros habían decidido secuestrarlos, torturarlos, matarlos y ellos no era más que la víctimas de aquéllos, con lo cual se estaba haciendo una especie de injusticia muy fuerte. Habían quedado plasmados en la historia como los desaparecidos, hablábamos de que se había vuelto a desaparecer a los desaparecidos en la medida en que se los privaba de su historia. Y La voluntad fue una tentativa de recuperar esas historias y contar quiénes eran esas personas que creían que había cosas por las cuales valía la pena hacer todo lo posible.
-Anguita: Con una particularidad. Nosotros hicimos hablar a gente que estaba viva, que no había estado desparecida, pero cuya palabra había que restituir. Esa palabra circulaba por ámbitos subterráneos, pero una vez que empezábamos a hablar con los entrevistados la charla se desbordaba del marco que le queríamos imponer. Por eso en el primer capítulo ves que a medida que aparecen los protagonistas se van contando sus orígenes. Pero en relación a la pregunta yo diría que son hechos reparatorios más que reivindicatorios. En una sociedad desarticulada como aquélla, con la palabra muy dañada, una vez que empezaba a circular esta historia estimulaba a otros a hablar.
-Eso es notable, la estimulación ha sido imparable, y en el mundo editorial...
-Caparrós: Risas. No pudieron parar. Esto, que por supuesto es un chiste también, es algo que vale la pena señalar: la diferencia entre pensar, trabajar y publicar este libro hace 20 años y ahora. Más allá de si hay una reivindicación de tal o de cual, era un gesto fuerte. Esto no estaba contado. Y eso es algo que sí quiero reivindicar.
-Anguita: En ese momento no sabías cómo podían tomarlo otros militantes. Los mismos entrevistados se preguntaban eso.
-Además del trabajo de archivo, nutren esta historia entre 20 y 25 entrevistados, varias veces entrevistados. ¿Cuál fue el criterio de selección y quién o quienes, si hubo alguno, les faltó tener?
-Caparrós: No hubo muchos. Quizá 4 o 5. Y no están, porque de algún modo decidimos que no queríamos que estuvieran, los altos cuadros de esas organizaciones. Justamente porque si de algo se hablaba en ese momento era de esos altos cuadros. Parecía que los miles y miles de militantes de la JP eran todos Firmenich, o que todos militantes del ERP eran Santucho. Y que toda la militancia era una imanación de esas cabezas, en algunos casos muy discutibles y, en otros, lamentablemente muertas ya. Decidimos no hablar de los altos cuadros como una declaración fuerte sobre qué queríamos decir de esos años. No el hecho de que hubiera habido un par de líderes, que siempre los hay, sino el hecho de que hubiera miles de personas que pensaban que valía la pena ir para ese lado.
-Anguita: Además porque en aquéllos años se hablaba mucho de lo colectivo. Era el nosotros. Y escribíamos en un tiempo donde primaba lo individual, entonces había que recuperar aquello. Una voz coral, con sus matices y peleas internas, que se oponía, por ejemplo, a la teoría de los dos demonios y a la idea de que todo esto fue una cuestión de cúpulas que llevaron mal al país, o que había un discurso único de jefes guerrilleros que daban órdenes desde quién sabe donde con instrucciones para que se cumplieran.
-Incluso entre los entrevistados del libro, hay quienes diferencian la voz coral de la de los líderes. Horacio González, por nombrar a uno, cuestiona esa relación entre líderes y militantes. Creo que el ejemplo más claro está en la contraofensiva...
-Anguita: Varios lo señalan. En cada uno de los relatos había diferentes interpretaciones de eso, sobre todo cuando se referían al accionar después del Golpe, cuando la situación ya era dramática. Había quienes mantenían una tozudez tremenda, sin grandes reflexiones, llevando todo al terreno de la valentía, la decisión y la capacidad de lucha. Y otros que decían: miren, la relación de fuerzas no da. Es interesante poder haber reflejado eso, porque si no, parece que la necesaria visión crítica de esos años tuviera que surgir de una tesis doctoral, cuando en realidad estas voces ayudan muchísimo. Me parece que desde la narrativa de historias reales, sobre todo el tomo 3, ayuda mucho a entender las diferencias detrás de las cosas que se hicieron.
-Hoy se habla mucho de la generación perdida. Ustedes pertenecen a esa generación. Vos, Martín, te exiliaste en España y vos, Eduardo, estuviste preso hasta la llegada de la democracia. ¿Qué quedó de esa generación?
-Caparrós: Yo estoy bastante en contra de la idea de que existe una generación de los setenta constituida como tal. En principio hubo muchos muertos, muchas bajas. Además, era un conjunto de gente muy heterogénea, unida por un objetivo, que cuarenta años después, se refleja en vidas que siguieron caminos muy diferentes. Porque aquello que los reunió, aquéllas formas de militancia, dejaron de funcionar. Algunos buscaron otra forma de militancia, otros ninguna. Es gente muy diversa. Y el hecho de que algunos que estuvieron allí ahora hagan tal o cual cosa, no habilita a decir que la generación del setenta hace tal o cual cosa. Por ejemplo, cuando dicen que la generación del 70 está ahora gobernando. En el gobierno menemista también hubo mucha gente de esta generación. Lo que pasa es que no había un discurso de reivindicación de eso. El tema no es la generación, si no qué discurso lleva adelante cada proyecto político. El kirchnerismo, entre otras cosas, dice: "nosotros somos los herederos de aquello". Eso está en discusión. Ellos dicen que sí, yo creo que no. Otros tendrán dudas.
-El kirchnerismo se dice heredero de esta tradición. Ustedes desacuerdan frente a esto, ¿pero en todo caso, hay herederos?
-Anguita: Una cosa es haber militado en los setenta; otra, haber narrado los setenta y otra es ser un buen setentólogo. Yo no soy un buen setentólogo. Comparto con Martín que la idea de generación es una idea superficial. Nunca se la definió. Se la nombra como un mito. ¿Qué la define? ¿Que éramos jóvenes? Las pocas veces que se habla de generación, la del 37, la de los 80, la de los setenta, es porque se la usa. No me gusta. Pero sí creo que hay un fenómeno en el cual una porción de la sociedad que no fue mayoritaria, nutrida, impulsada por un escenario internacional, por la resistencia a la dictadura expresada en el cordobazo y por el estímulo de Perón a la juventud, se autoconvenció de que había una situación revolucionaria. Tan autoconvencidos estábamos, que cuando empiezan a divorciarse dentro del peronismo sectores que no eran combativos, ortodoxos, paramilitares etcétera, se lo tomaba como señales que fortalecían la propia propuesta. Montoneros creyó que matar a Rucci los fortalecía. Desde el PRT, cuando asumió Cámpora, nosotros hacíamos acciones militares y le decíamos: "Así se combate a los monopolios, Cámpora". Había una idea en los sectores de vanguardia, de la que yo soy crítico. Pero no soy crítico de aquélla idea de una transformación de la sociedad, ni de darle el poder al pueblo. Volviendo a hoy, es cierto que Kirchner, en el marco de la debacle del país, dijo eso, arrancó con ese discurso. Y yo lo apoyé, y sigo apoyando muchísimas de las cosas que se hacen. Pero hoy los de Guardia de Hierro dicen que son kirchneristas, y seguramente tienen puestos y cargos en lugares importantes. Lo digo para sincerar el hecho de que la Argentina es un país muy complejo, y que simplificar esto como una reivindicación o no de los setenta, nos lleva al engaño. Lo que vos decías recién, tenés gente en el kirchnerismo que dice: "Bergoglio colaboró con la dictadura". Pero tenés ahí mismo un montón de sectores que dicen, Bergoglio es el papa peronista. Esta es la Argentina.
-O el peronismo...
-Caparrós: Sí, de todas maneras me parece que cuando uno analiza si tal sector político es heredero o no de tal o cual sector político, no hay que ver lo que el supuesto heredero dice si no lo que hace. Y aquí se le da mucha importancia a lo que el objeto de estudio dice. Pero para empezar esta discusión tenemos que ver lo que hace. ¿Las políticas que pone en marcha el kirchnerismo son herederas de la de los setenta? ¿Sí o no? Esa es una larga discusión, pero si no la tenemos, estaríamos hablando de proclamas y de retórica.
-Podríamos decir algo al respecto...
-Anguita: Perdón. Una cosa más. El trabajo que hicimos contribuye a esta discusión, que en todo caso es una discusión coral, con montones de puntos de vista. Así como en los noventa el libro estimulaba ciertas cosas, ahora puede ser leído desde otro lugar. Y ayudar a entender en esa complejidad las contradicciones que hubo y también a lo complejo que es esto.
-Dentro de esa complejidad, podríamos tomar dos ejemplos contradictorios: el mayor avance de la democracia en los juicios a los represores por un lado y el cambio prácticamente nulo en la matriz económica del país... Los militantes de aquella época, los combatientes, tenían otros objetivos. La cuestión parece, otra vez, creer o no creer en lo que hoy dicen ser.
-Caparrós: Sí. Pero tampoco me parece útil llevar la discusión al terreno de si el kirchnerismo es o no heredero de la militancia de los setenta. Yo soy el primero en decir que no, y ya lo he argumentado varias veces. Pero no me parece un punto interesante. ¿Qué significa? ¿Ser heredero legitima? ¿O lo contrario? Pero además ahora, como el kirchnerismo volvió a poner en el tapete político lo ocurrido en los setenta, que por mucho tiempo no fue pasible de discusión porque estaba sacralizado por la barbarie, cuando se volvió hablar de la militancia y el kirchnerismo los reivindicó como sus antecesores, milagrosamente se le abrió a cierta derecha la posibilidad de decir que éstos son aquéllos. Montos patoteros y autoritarios. Y desde hace un par de años hay una revisión, interesante, porque pone a cada uno en su lugar. Era raro que los grandes sectores culturales de la derecha, que tuvo siempre un discurso muy claro, durante 25 años tuvieron que tragarse ese discurso y simular una beatería que por supuesto no sentían. Ahora recuperaron, y gozosamente, ese discurso que no tenían y que si habían tenido antes cuando llamaban a los cuarteles, como en 1975.
-¿Los libros de (Ceferino) Reato por ejemplo? ("Operación Traviata", "Operación Primicia" y "Disposición final")
-Caparrós: Los libros de Reato son el mejor ejemplo de esto, son la punta de lanza. Dejo de lado el hecho de que están muy mal trabajados, pero ese es su problema y, supongo, de quienes lo leen.
-Anguita: Me permito algunas reflexiones. Primero que la idea de herencia es una idea bastante conservadora y capitalista.
Risas generales.
-Caparrós: Esa es una chicana. Se puede aplicar a la herencia económica...
-Hablemos de identificación entonces...
-Anguita: Bueno, pero justamente. En los setenta había una lectura de que el mundo estaba transformándose hacia el socialismo. Y quince años después la caída del muro empezó a mostrarnos una cantidad de cosas que no habíamos visto, o que veíamos parcialmente. Con lo cual el cambio de escenario permite que uno no tenga que valerse de esa herencia como una deuda con quien te dio. No es un mandato hacer la revolución. En todo caso lo será mejorar las condiciones del pueblo por otra vía, si es que las condiciones dan. Me parece que el mundo ha cambiado para peor. Incluso las propuestas del socialismo del siglo XXI (Chavismo) son difusas. Son buenas intenciones y yo tributo a eso, pero me parece que todavía estamos en pañales.
Ahora, respecto de los juicios por lesa humanidad, es algo muy positivo. Y le asigno a Kirchner, en 2003, un papel decisivo, pero que también se articuló con una serie de situaciones acumuladas. Nosotros fuimos a la marcha de los 20 años del Golpe en 1996 y era algo impresionante, con muchísima gente. Eso se potenció con la crisis de 2001. Por eso, chapeau a Kirchner, pero sin dejar de ver lo que venía pasando. Y en lo económico, no coincido con vos en que no hubo ningún cambio. Cuando Kirchner dijo que quería un capitalismo en serio reestableció puestos de trabajo...
-Yo no dije que no hubo cambios, si no que la matriz económica de 2013 sigue siendo la misma...
-Anguita: No, claro, la matriz sigue siendo la misma. Pero en una Latinoamérica mucho más protagonista, con mejores condiciones en el terreno del comercio internacional, con una revalorización de sus productos primarios, mejoramos condiciones sociales, un poquito la redistribución del ingreso, pero la matriz económica no está cambiando en prácticamente ningún país. Hay algunos avances en Ecuador, en Bolivia, en Venezuela.
-Es cierto, el escenario ha cambiado mucho, pero cuesta identificar esto con aquello, para muchos de los personajes de este libro, no había vida sin revolución. Basta con mirar a Europa para ver a dónde han ido a para los partidos de izquierda...
-Caparrós: Sí, es una obviedad, pero hay épocas fuertes de la historia, que son las que se recuerdan. Y hay otras épocas blanditas. Comparado con la primera mitad de los setenta, el resto del medio siglo argentino no está tan presente en el recuerdo. No había esta intensidad de pensar que estabas haciendo algo decisivo. Y por supuesto, también porque ocurrió ese contragolpe tan brutal. Lamentablemente, en la historia, los momentos que más se recuerdan son aquéllos en los que hay muchos muertos. Son momentos de efervescencia que hacen que haya mucha gente que piense que vale la pena jugarse la vida.
-Anguita: Yo le agregaría a eso el período del 45 al 55, que quedó muy grabado en la memoria del pueblo. Por haber sido un período sin sangre, con grandes transformaciones, con muy buenas condiciones internacionales, un liderazgo impresionante de Perón, una participación muy activa de los trabajadores, al menos en los primeros siete años. Esto quedó grabado en la memoria del pueblo argentino y por eso el peronismo sigue siendo, creo, el único movimiento que conserva vitalidad y movimiento.
-¿Hay o no una estrategia común entre aquél peronismo, que canalizó la creciente participación obrera y el kirchnerismo, que se embanderó con algunos de los reclamos de 2001?
-Caparrós: Es tuya, quedó picando.
-Anguita: Hay un diálogo entre estos dos momentos, pero el contexto es diferente. El IAPI no fue una medida comunista, fue una medida razonable de una nación soberana que quería contar los porotos, los granos. Desprovista de ideología. Llevamos 10 años y el IAPI no figura en ningún lado, ni siquiera en un interesante plan agroalimentario que planteó Cristina hace un año y medio. ¿Por qué? Porque en el contexto habrá algún acuerdo con las grandes cerealeras del que no se habla. Lo mismo ocurre con el hecho de que YPF sea una sociedad anónima después de que el Estado se quedó con el 51 por ciento. Yo quiero un debate sobre estos temas.
-¿Y en relación a la base social de estos movimientos? El primer peronismo se nutre de los trabajadores que venían de la izquierda, a quienes luego no les da su lugar. El kirchnerismo hablaba de transversalidad, pero de ello poco queda...
-Caparrós: Yo no se con exactitud cuál era el grado de participación real de la gente movilizada por el primer peronismo. Entendido esto como la posibilidad de discutir, organizarse, pensar políticas. Pero sí se que en este peronismo, hay muy poco de esto. Hay cierto grado de movilización clientelar, que va detrás de los planes sociales, que ni siquiera es privativo del oficialismo, partidos de la oposición hacen lo mismo. Esa parece ser la forma que ha tomado una buena parte de la movilización masiva. Es triste, porque no hay ningún grado de discusión ni organización en esos sectores. En lo primero que yo escribí sobre el kirchnerismo, en junio de 2003, decía que me resultaba curioso que los acusaran de setentistas, porque si había algo que definía a los revolucionarios de los setenta era la idea de que mientras más gente se organizara y participara, mejor. El kirchnerismo ni siquiera hacía reuniones de gabinete, que es el grado mínimo de participación de los 10 tipos que tenés para que interactúen y conduzcan estos movimientos. Había muchas diferencias en los setenta en cuanto a métodos y procedimientos, pero todos acordaban que la participación era una condición indispensable para que eso sucediera.
-Anguita: El kirchnerismo abrió canales de participación. En Derechos Humanos es clarísimo. Algunos de los movimientos sociales de 2001 entraron. Y el diálogo fue mayor con los sectores que eran más inorgánicos. A estos sectores claramente excluidos se les dio trabajo, no se los reprimió en la calle. Para mí, los primeros años de Kirchner en ese sentido fueron extraordinarios. Después, en lo que significa participación política, yo creo que somos un país que está congelado. Vos vas a la sede del PJ, o entrás a su página web, y no ves vida. Hay un gran ausente, el debate sobre si alguien quiere fortalecer partidos políticos o no. ¿Vamos a discutir programas, cambios de rumbo? Yo no soy economista, pero veo que este modelo económico en muchas cosas está tocando límites. Crece el nivel de extranjerización de la economía, crece el nivel de concentración económica. Si no discutimos esto, puede ser grave, porque con las retenciones no alcanza.
-Un tema que permite la comparación de los tiempos. Ustedes le dedican a Cámpora un espacio que era, creo yo, el que tenía antes del kirchnerismo. Lo llaman el "dentista de Giles"...
-Caparrós: Esa es una de las cosas que más me impresionan. Cómo convirtieron a un personaje menor como Héctor Cámpora en una especie de símbolo. ¿Símbolo de qué? De la impotencia, quizá. El presidente más breve de la historia Argentina. Y no fue breve porque algún enemigo lo sacara, si no porque su jefe le dijo "andate, Camporita". Es una historia triste, de obsecuencia. Sus 49 días de gobierno se recuerdan básicamente porque dejó hacer a una cantidad de sectores que andaban por ahí y entonces fueron unos días de gran libertad y de mucho entusiasmo, pero era un tipo muy menor que en cuanto Perón le dijo váyase Camporita, salió caminando. Y era el presidente de los argentinos, elegido por 6 millones de personas. Y es una rara ironía de la historia que su nombre sea utilizado por un grupo que se pretende como una especie de vanguardia política. Es muy extraño, cuando se den cuenta de lo que hicieron les va a dar vergüenza. Entre otras cosas, La voluntad tiene ese valor. Justamente en tiempos en que muchos personajes y hechos están siendo resignificados en la dirección del mito, enfrentarse con algunas descripciones menos míticas como las que están aquí, permite saber de qué estamos hablando. Porque hoy muchos chicos de 20 o 25 años que escuchen hablar de Cámpora se deben imaginar al Che Guevara en el caballo blanco de San Martín.
-Anguita: Para mí es muy elogiable lo que hizo Cámpora. Yo le tengo simpatía, sabiendo que fue una figura menor. Es como esos jugadores que están en el banco, entran, y te sorprenden por lo bien que juegan. Me parece que sería interesante que esto se lo preguntáramos a los dirigentes de La Cámpora. ¿Por qué les surgió el nombre de él? Yo tengo algunas hipótesis. La primera, por la lealtad. Y allí está la idea de crear una agrupación que tenga el mismo mérito que tuvo Cámpora respecto de Perón. Cumplió con todo lo que tenía que cumplir y el día en el que Perón le dijo váyase hizo un discurso muy interesante en el que decía yo me debo a Perón. Y la segunda, es que me parece que hay un intento, tímido, de desmarcarse del peronismo. Si no, hubieran elegido otro nombre, como el Movimiento Evita, o La Juan Domingo...
-Ustedes constituyen una excepción, por este debate y porque han invertido, me parece, sus roles. Eduardo viene del PRT, y ahora simpatiza con el kirchnerismo, y vos Martín, que sos opositor, ¿empezaste con el PC?
-Caparrós: No. A los 12 años yo estaba en el Nacional Buenos Aires, y me invitaron a un campamento de la FEDE. Yo quería ir. Era casi un mes, en el sur. No era de la FEDE si no del centro de estudiantes, que estaba hegemonizado por la FEDE. Fui a pedirle permiso a mi viejo. Me dijo que sí, pero que antes teníamos que hablar un poco. Me sentó y habló una hora de la burocracia sindical soviética, de cómo habían traicionado a su revolución, etc. En el campamento, cuando empezaron a hablar de ese tema, yo levanté la mano y repetí todo lo que había dicho mi papá. Desde allí las relaciones con el PC fueron siempre tirantes.
-Anguita: A mí, que también iba al Nacional Buenos Aires, en lugar de llevarme a un campamento del PC, me llevaron a uno de la Juventud Estudiantil Católica. Yo venía de un colegio de curas. Y me llevó Rosita Pagés Larraya, que está desaparecida. Estaba allí el cura Mugica, y yo volví a confesarme. Y luego entré al PRT, y lo hice más por el ERP que por el PRT. Estuve por irme a las FAR, pero en el momento de Cámpora, porque no estaba de acuerdo con la idea de enfrentar al camporismo. No me volvía peronista, era una cuestión de táctica. Todo eso estaba muy mezclado, y era tan vertiginoso, que me parece importante volver sobre Guardia de Hierro, como decíamos al principio. Hubieran estado con Duhalde o con Menem, con Menem estuvieron. Agarrá la lista de diputados y senadores y mirales el currículum, muchos han pasado por sectores muy diversos.
-Para denostar a una persona política, para exponerla, el del archivo es uno de los recursos más recurrentes.
-Caparrós: Una cosa es que la uses para deslegitimar a una persona, en términos de su trayectoria, para mostrar un engaño. Pero lo que no sirve es aplicar eso a un supuesto conjunto, que si hay 10 mil personas las diez mil van a tener que llegar posiciones semejantes cuarenta años después. Son cuarenta años!!!
-Anguita: Yo quiero volver sobre la palabra reivindicatorio, que quedó de lado al principio. Independientemente de que esté escrito, transmitido en el libro, yo quiero decir que reivindico la lucha de aquéllos años. Primero porque aprendí mucho: valores humanos, valores de austeridad, valores de ejemplos. Me sirvió muchísimo. Y después, porque no hay sociedad que pueda avanzar con un grupo de multinacionales que tengan el poder que tienen. Si no volvemos a hacer público el debate de que esa gente tiene la capacidad de seducir, de comprar, de engañar, de crear aparatos políticos, de infiltrar, de desdoblar una sociedad, no entendemos lo difícil que es en este momento oponerse. Hay que hablar de petróleo, de minería, de medio ambiente, porque hay compañías muy poderosas. Se celebra que se venda x cantidad de automóviles. ¿Y qué? Claro, da empleo. Pero mostrame las ganancias de Mercedes Benz, mostrame las ganancias de Ford. Si ganaran solamente el tres por ciento. Los radicales hicieron la ley de Oñativia, los obligaba a certificar los márgenes de ganancias. Estas cosas hay que discutirlas. Y reivindico la valentía, la entrega, el compromiso de esos años para poner eso sobre el tapete y hacerlo enérgicamente. A lo mejor, como decía Martín, este no sea un momento de protagonismo, la sociedad no esté preparada, pero hay que seguir sembrando.
-Caparrós: Estoy de acuerdo con esto último. Y también reivindico mucho de lo que se hizo entonces. Estoy en desacuerdo con las formas políticas que eso adoptó, organizaciones muy verticales. Tampoco acuerdo con muchas de las decisiones que esas autoridades tomaron, pero sigo reivindicando la idea de que vale la pena pelear por las cosas que uno cree que valen la pena. Es cierto, este no parece un momento en el que las cosas estén tan claras. No qué cosas valen la pena, si no cómo se conseguirían.

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