
Aquella victoria de Berna de 1979
Carlos Nis, enviado especial
El seleccionado argentino disputó en 1979 un amistoso con Holanda en Berna, como parte de los festejos por los 75 años de la FIFA, pero dicho partido, ignorado por los medios hegemónicos, quedó grabado por el escrache de los exiliados argentinos a los militares genocidas que gobernaban la Argentina.
Un 22 de mayo, en el entonces Estadio Wankdorf de la capital suiza, la FIFA celebraba sus 75 años de existencia y para el evento principal se propuso reeditar la misma final que un año antes, en la cancha de River Plate, habían protagonizado argentinos y holandeses.En el Monumental de Buenos Aires, mientras el país era convertido en un gran campo de concentración y sometido con mano de hierro por la peor dictadura de la historia argentina, los dirigidos por César Luis Menotti derrotaron al combinado `naranja` (que ya no era la `mecánica` del `74) por 3-1.
Entonces lo que parecía un simple partido de fútbol entre las dos mejores Selecciones de fútbol de ese momento terminó convirtiéndose en un gran entuerto diplomático por el escrache al dictador Jorge Rafael Videla.
Los exiliados argentinos que vivían en Suiza y otros llegados de diferentes ciudades europeas se ubicaron en una de las tribunas del estadio con pancartas con la foto de Videla y la palabra `asesino`, más algunas banderas.
El partido era transmitido en directo para la Argentina y otros países del mundo. Por esa razón, cada vez que la pelota iba por la zona donde estaban ubicados, los hinchas argentinos agitaban los carteles y banderas con la cara de Videla y la palabra `asesino`.
En el Wankdorf, a 13 mil kilómetros de su tierra querida, aquella que le obligó a abandonar la dictadura militar que había tomado el poder por la fuerza el 24 de marzo de 1976, los exiliados hacían escuchar su voz y su bronca ante los ojos del mundo.
Como la protesta no iba a pasar desapercibida para los televidentes, Enrique Quintana, embajador en Suiza, el contraalmirante Carlos Lacoste y el resto de la comitiva argentina presente en el estadio ultimaron a los organizadores que sacaran las banderas y carteles o, de lo contrario, la Selección no saldría a disputar el segundo tiempo.
De repente, un grupo de policías se metió en la tribuna donde estaban los hinchas para adueñarse de los carteles, pero se encontraron con una gran resistencia latinoamericana, ya que los argentinos fueron respaldados por uruguayos, chilenos, bolivianos y paraguayos presentes en la tribuna, más algunos suizos. Todos juntos consiguieron mantener el reclamo de justicia en alto.
Esa pequeña victoria de David contra Goliat, ignorada voluntariamente por los únicos periodistas presentes en el estadio, Constancio Vigil y Héctor Vega Onesime, director y subdirector de la revista El Gráfico, respectivamente, fue un aliciente para aquel grupo que a la distancia sufría añorando un país que ya lloraba a más de 20 mil desaparecidos.
¿El partido? Un pálido y apático 0-0 después de noventa minutos y un alargue de 30 que los dirigidos por Menotti ganaron 8-7 por penales, gracias a una descollante actuación de Ubaldo Matildo Fillol en la definición desde los doce pasos atajando tres remates.
Pero la verdadera victoria de Berna, la que quedará en la memoria, será la de los exiliados, aquellos que no callaron su voz y escracharon la represión y la impunidad.
La síntesis fue la siguiente: Argentina 0 (8) - Holanda 0 (7) Argentina: Ubaldo Fillol; Jorge Olguín, Hugo Villaverde, Daniel Passarella, Alberto Tarantini; Osvaldo Ardiles, Américo Gallego, Diego Maradona; Daniel Bertoni (René Houseman), Leopoldo Luque (Juan Barbas), Oscar Ortiz (Enzo Trossero). DT: César Luis Menotti.
Holanda: Doesburg; Poortvliet, Krol, Hoovenkamp, Stevens; Neeskens, Jansen (Metgod), Rene Peters; Rep, Kist (Jan Peters), Tahamata (René van der Kerkhof). DT: Jan Zwartkuis.
Definición por penales: Para la Argentina convirtieron: Trossero, Passarella, Houseman, Barbas, Maradona, Gallego, Villaverde y Tarantini. Doesburg atajó a Olguín y Ardiles.
Para Holanda convirtieron: Metgod, Rep, Hoovenkamp, Neeskens, Stevens, Krol y Poortvliet. Fillol atajó a Van der Kerkhof, René Peters y Jan Peters.
Arbitro: Ramón Barreto (Uruguay).
Estadio: Wankdorf de Berna (Suiza).
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