25 de Mayo de 2015
"Hablábamos de devolverlo cuando hubiera democracia, y eso es lo que hizo Cristina"
Manuel Gallardo es uno de los militantes de la JP que sustrajeron el sable en 1963. Mezclado entre el público, celebró la restitución.

El
12 de agosto de 1963, Gallardo y otros tres militantes de la JP se
apoderaron del sable corvo. Ayer estuvo en Parque Lezama - Foto: tiempo
argentino
A sus 80 años, vive la vuelta del sable como una reparación colectiva y personal, un “momento maravilloso después de 50 años de ostracismo, de ser invisibles”. Y también lo hace con la tranquilidad de quien cumplió una misión: “En uno de nuestros documentos decíamos que lo devolveríamos cuando hubiéramos recuperado la democracia. Eso es lo que hizo Cristina. Hoy nuestra soberanía está garantizada por esa juventud militante que tomó nuestro legado”, cuenta Manuel, la escarapela en el pecho, los ojos quebrados.
Sufrió persecución, cárcel, torturas. Estuvo preso un año y medio en el penal de Olmos luego de participar, como oficial de la Policía Bonaerense, del levantamiento del 9 de junio organizado por Juan José Valle contra la Revolución Libertadora. En el ‘60, lo volvieron a detener por el Plan Conintes decretado por Arturo Frondizi y pasó otros dos años y medio en la cárcel de Magdalena. Quizá por tozudez, como prefiere decir él, o por valentía, como dicen sus compañeros, en 1962, recién liberado, se puso en contacto con la JP, liderada en ese entonces por Calos Caride, Envar El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina, para involucrarse de lleno en el secuestro del sable corvo.
La operación, además de objetar la proscripción, le permitía a la Juventud Peronista trazar un puente entre las tres grandes referencias del peronismo: San Martín, Rosas y Perón. “Sabíamos que iba a provocar una conmoción muy grande y los sectores de derecha se nos tiraron encima. Mirá si no habremos generado conmoción que el ruido llegó hasta hoy”, cuenta Manuel, orgulloso.
El 12 de agosto a las 19, justo antes de la hora del cierre, cuatro militantes se presentaron en el Museo Histórico y le juraron al ordenanza que eran estudiantes tucumanos. Fue un operativo sin violencia y sin heridos. Sólo dejaron unos folletos con los mismos reclamos que aparecen en el volante que Manuel reparte ahora en el parque: “Un acto heroico para (…) dar al pueblo la libertad para expresar su pensamiento y ejercer su voluntad al amparo de la ley y lejos de los decretos delictivos.”
En el ’70, Manuel fue sentenciado a otros tres años de prisión, que no terminó de cumplir gracias a la amnistía de Héctor Cámpora. Volvió a militar en una organización de La Plata, “Dele, dele”, con el peronismo dividido en sus intenciones y en sus objetivos. “Nos pasaron tantas cosas. Y después tuvimos a Menem. Por eso, yo aliento la idea de un peronismo abierto, un proyecto nacional en el que confluyan distintas militancias, como retomó Néstor. Nos va llegando el momento de los grandes movimientos sociales”, dice, y agrega: “No es nada nuevo, ya lo vaticinaba Perón.”«
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