Alejandro y el dolor de la despedida
por Carlos Aznárez
Alejandro Haddad habla en la presentación del libro sobre Kurdistán
Viajó en varias oportunidades
hasta sus mismísimos territorios (en una de ellas junto a la Madre de
Plaza de Mayo,Nora Cortiñas), se asombró por la fraternidad, la
disciplina y el coraje de los guerrilleros y guerrilleras del PKK
(Partido de los Trabajadores del Kurdistán), encaramados en las montañas
iraquíes o en el norte de Siria, habló con su gente, produjo un par de
interesantes documentales, pero por sobre todo se comprometió hasta las
entrañas en ser un difusor de esa gesta de la que, sencillamente se
enamoró.
Recientemente, fuimos parte de la
organización de la presentación de su libro “Kurdistán, crónicas
insurgentes", escrito a cuatro manos con Leandro Albani. Allí pudimos
comprobar nuevamente, de qué pasta estaba hecho este compañero que ahora
vamos a echar mucho de menos. Aquejado ya de la enfermedad que hoy le
cortó su vida en plena juventud, Alejandro había sufrido una compleja
operación cerebral una semana antes. Ninguno de nosotros imaginaba que
en esas circunstancias pudiera hacerse presente, incluso lo habíamos
hablado con Leandro, de que lo mejor que podía hacer por su salud era
reposar y recuperar fuerzas. Sin embargo, pocos minutos antes de
comenzar la actividad en la Taberna Internacionalista Vasca, Alejandro
se hizo presente. Tenía una importante brecha en la cabeza que
disimulaba con una gasa blanca que provocaba respeto. Estaba realmente
feliz de no haber fallado en semejante ocasión, se movía en cámara lenta
y cuando alguno de nosotros le preguntó si no era mejor que se sentara,
se negó tajantemente, explicando que quería hablar del pueblo kurdo, de
pie, de la misma manera que aquellos combatientes enfrentan a sus
enemigos.
Discurseó con voz pausada y
nos ofreció una sintética lección de la historia del Kurdistán ocupado,
de la injusta prisión de su líder Abdullah Öcalan, y destacó el
importante desarrollo que ha significado para la causa kurda la puesta
en marcha de la teoría del Confederalismo Democrático. Cuando terminó su
exposición, tuvimos la impresión de que estaba agotado y allí sí aceptó
reposar en una silla antes de retirarse. Había hecho “lo que tenía que
hacer”, no podía fallarse a sí mismo y mucho menos a los luchadores de
la libertad kurda. Sacando fuerzas de su propio espíritu rebelde, prestó
testimonio. Con las mismas ganas que periódicamente sostuvo el portal
en castellano “Ya Kurdistán”, para combatir la desinformación que rodea a
esa causa libertaria.
Ahora querido
Alejandro, vas a poder descansar sin remordimientos, y seguramente te
juntarás con otros y otras como vos, enormemente sensibles a la hora de
defender la causa de los pueblos. Aquí abajo, seguiremos remando contra
corriente, maldiciendo a los yanquis y a los sionistas, amando a Cuba,
Venezuela, Bolivia y tantos otros que enfrentan a los gringos. Nos
emocionaremos, como vos lo hacías, con cada paso adelante dado por el
pueblo palestino, los vascos, irlandeses y catalanes, y, por supuesto,
con el avance de la Nación Kurda hacia su victoria definitiva.
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