El primer 15M de la historia
Indignados del antiguo Egipto salieron a la calle hace más de 3.000 años para denunciar un caso de corrupción
Tumba de Sennedjem, en Deir el Medina. Los trabajadores colaboraban
entre ellos para construirse sus moradas eternas, algunas de las cuales
han llegado hasta nosotros bellamente decoradas Jaume Vivó
Lo decían los faraones: los funcionarios, bien pagados
El antiguo Egipto no solo levantó pirámides de piedra, también creó
pirámides funcionariales con condiciones laborales que 4.000 años
después firmaría más de un sindicato
Hay manifestaciones que hacen historia y hoy se cumplen tres años de la última que ha logrado figurar en los episodios nacionales
post Benito Pérez Galdós. La protesta del 15 de mayo de 2011 en Madrid
derivó en sentadas por todo el territorio español y acabó creando el
conocido movimiento de los indignados o 15M que reclamaba sobre todo una democracia más real y participativa.
Si
miramos atrás, recordamos básicamente las manifestaciones obreras de la
Revolución Industrial, pero la primera protesta documentada de la
historia se produjo mucho antes, concretamente durante el reinado de uno
de los faraones más afamados del antiguo Egipto, Rameses III, y,
curiosamente, esta manifestación también finalizó en una sentada, como la última vivida en la España del siglo XXI.
Todo empezó en un poblado ahora llamado Deir el-Medina en algún año entre 1184 y 1153 antes de Cristo, es decir, hace más de 3000 años.
Aunque pequeña, esta localidad del oeste de Tebas tenía una importancia
capital, como lo demuestra la peculiaridad de estar construida en
piedra. Totalmente excavada, se ha encontrado una importante
documentación de su vida cotidiana. De hecho, todos sus habitantes eran
operarios cualificados, desde albañiles a escultores o pintores... y se
conservan las listas de las asistencias diarias al trabajo e incluso los
motivos de las ausencias (algunas tan divertidas como por tener que
llevar a curar una mula o por estar bajo los efectos del alcohol). Ellos
eran los encargados de una tarea de vital importancia: construir la
morada eterna del faraón, su tumba en el Valle de los Reyes.
Aunque
Rameses III es considerado el último gran faraón del Imperio Nuevo,
durante su reinado no se libró de los problemas económicos. Tanto es así
que llegó un momento en que los obreros de Deir el-Medina dejaron de
percibir su salario, que era en especies. No cobrar significaba, pues,
sufrir hambre y ante esta situación decidieron pasar a la acción.
Primero tomaron una decisión valiente: dejaron de trabajar, inaugurando de esta manera la primera huelga
de la historia. Creían que interrumpiendo las labores de las tumbas
reales lograrían alguna reacción, pero no fue así. Entonces pensaron
otra medida de presión: ir todos juntos hasta el edificio del Tesoro,
protagonizando la primera manifestación hasta ahora conocida. Pero
tampoco debieron lograr la respuesta esperada, así que emprendieron una
tercera iniciativa: hacer una sentada ante el edificio del Tesoro,
ubicado en la capital, Tebas.
Al final, los
trabajadores consiguieron ser escuchados y se inició una investigación
que puso al descubierto una estafa a gran escala. Los pagos salían de
las arcas del Estado, pero se iban diluyendo a medida que pasaban de
mano en mano por la cadena de funcionarios encargada de esta tarea. Cada
uno se iba agenciando un poquito, hasta que el último se embolsaba lo
poco que debía quedar. La corrupción también viene de lejos…
Rameses
III tiene su magnífica tumba en el Valle de los Reyes, así como sus
sucesores, lo que constata el éxito de la iniciativa de los obreros de
Deir el-Medina. El faraón debió hacer justicia, aunque no pudo evitar su
propia ruina, muriendo asesinado por un complot surgido de su propio
harén. Pero esto ya es otra historia, muy alejada de las preocupaciones
vitales de los obreros de las tumbas reales, los primeros indignados en
salir a la calle a reclamar justicia, aunque su gesto no volvería a repetirse hasta muchos y muchos siglos después.

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