El
diario La Nación rectificó ayer la nota que había publicado sobre la
atribución del asesinato de Carlos Mugica a Montoneros y reconoció que
no era real lo que me imputó. El diario publicó el fragmento del diálogo
que sostuve con Gustavo Sylvestre y admitió que “a partir de esa
conversación, LA NACION extendió de manera errónea el entrecomillado a
Montoneros, cuando la frase textual no lo abarcaba”. Me alegro por ese
diario que todavía le quede algún reflejo periodístico, y por sus
confundidos lectores, que se lanzaron a insultarme en los foros por algo
que Montoneros no hizo y que yo no dije. Sin embargo, el título de la
rectificación es engañoso. No soy yo quien desliga a Montoneros de la
muerte de Mugica, sino el expediente judicial, en el que fue procesado
por ello el custodio de José López Rega y creador de la Triple A,
Rodolfo Almirón. Y no sólo lo decreta la causa tribunalicia, sino
también el testimonio del único sobreviviente del atentado, Ricardo
Capelli, el amigo y colaborador de Mugica que fue herido junto con él y
que sobrevivió para contarlo. Capelli identificó como autor de los
disparos al policía Almirón, a quien había conocido cuando acompañaba a
Mugica al Ministerio de Bienestar Social, donde el cura era asesor. Su
renuncia, porque López Rega quiso entregar a constructoras privadas la
urbanización de la villa 31, mientras sus habitantes apoyados por Mugica
querían hacerlo por autoconstrucción cooperativa, fue su sentencia de
muerte. En otra página de La Nación de ayer, el historiador italiano
Loris Zanatta avala con otra falacia la hipótesis del crimen montonero.
Dice que el diario Noticias publicó una amenaza implícita a Mugica al
colocarlo en una “Cárcel del Pueblo”, por oligarca, oportunista y
traidor. Eso tampoco es cierto. La cárcel del pueblo era una sección
fija de la revista Militancia, que dirigían Eduardo Duhalde y Rodolfo
Ortega Peña y que, a diferencia de Noticias, no tenía relación alguna
con Montoneros.
Cuarenta años después es lícito preguntarse, como tal vez hagan
muchos jóvenes, a qué vienen estas precisiones. La respuesta es breve:
para no permitir que prevalezca el engaño sobre un momento clave de la
tragedia argentina y a partir de él se cuestionen políticas de fondo
para el futuro. La operación comenzó hace años, con la pretensión de que
en el gobierno de los Kirchner resucitaba la guerrilla montonera, que
es sólo un momento de la historia, sin proyección actual alguna. Y a
partir de esa asociación ilícita se intenta deslegitimar toda la
política de memoria, verdad y justicia llevada adelante desde siempre
por los organismos defensores de los Derechos Humanos, a la que el
kirchnerismo adhirió en 2003.


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