Estrategias contra los marchistas
Las estrategias del Gobierno no han logrado reducir la legitimidad de la demanda de indígenas de tierras bajas porque son burdas y ramplonas y además porque provienen de un Gobierno que se supone debería hacer lo contrario, es decir defender los derechos de los indígenas y proteger a la naturaleza. Evo ha trocado del intento de resguardo a la Pachamama a embestir contra ella. Esa es la primera razón por la que las estrategias de desprestigio contra los marchistas no han resultado. Si hasta el propio sociólogo portugués Boaventura de Sousa dice que es una contradicción del presidente Morales atacar una marcha cuando él mismo utilizó esta forma de lucha innumerables veces.
La segunda razón es, como decimos, lo limitada de las cartas usadas. Se ha dicho que sus dirigentes son manipulados por la embajada de EEUU, solamente por haber recibido algunas llamadas de un funcionario de rango intermedio; que el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, a través de un diplomático boliviano, controla la marcha; que las ONG son las que le lavan el cerebro a los marchistas; que ex masistas “resentidos” generan violencia dentro de la movilización; que partidos de oposición, como UN y MSM, manipulan las demandas. La última idea del Presidente es acusar a los yuracarés y otras etnias del TIPNIS de que “desde el principio de la marcha” deseaban afectar a las elecciones judiciales del 16 de octubre (¡!). O sea que construir un camino que atraviese un territorio indígena y no realizar la consulta previa no es el origen del problema en la mente de las autoridades. No, el origen es una supuesta mega-omni conspiración en la que actúan los medios de comunicación, entre otros este diario, la embajada de EEUU, las ONG de izquierda, Juan del Granado y Samuel Doria Medina, los disidentes del MAS, Sánchez de Lozada y otras entidades. Simplemente la teoría es insensata.
Hemos dicho en estas páginas que es posible que el Presidente logre finalmente imponerse y hacer que el camino se construya, pero a un costo muy alto, sobre todo perder algo que ha sido uno de sus patrimonios principales, en Bolivia y fuera de él: su imagen de Presidente indígena que defiende los derechos de los más pobres y protege la naturaleza. Sin esas dos características, poco le quedará al Presidente para mostrar a la sociedad boliviana.
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