Fuente: Asociación Humanista Argentina.
La guerra es un crimen.
Así ha sido siempre, y lo es legalmente desde el Pacto Kellogg-Briand de 1928.
Los ejércitos han sido siempre bendecidos y las guerras consideradas sagradas, por lo tanto, los Estados involucrados en hacer o prepararse para la guerra han apoyado financieramente la presencia y la bendición de los ministros religiosos. Los sacerdotes y ministros que deberían predicar la santidad de la vida humana, en lugar de hacerlo adoctrinan y bendicen a los asesinos uniformados.
En muchos países, como en Argentina, los mismos ministros que se suponía que debian confortar y aliviar a los soldados, en cambio han participado en la violación directa de los Derechos Humanos y hasta la tortura de prisioneros.
Los Estados modernos, deben condenar la guerra, asi como los religiosos de buena fe que deberian oponerse a la participación de representantes de culto como capellanes de las fuerzas armadas y de seguridad.
Debemos detenerlos!
Hagamos entender que la guerra también es también un crimen del que un ministro religioso tiene el deber de abstenerse de participar y ademas condenar la guerra de todas las maneras, y que cada Estado debe respetar su obligación de resolver los conflictos por medios pacíficos.
Menos dinero para los capellanes significa menos dinero para la guerra!
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