Arabia Saudita: ¿Una implosión controlada?
Finalmente ha quedado develado que el asesinato del periodista y ex agente de la inteligencia saudita, Jamal Khashoggi, en el consulado saudita de la ciudad turca de Estambul, el último dos de octubre, tiene más ribetes de ajuste de cuentas mafioso, que un atentando, más, a la libertad de prensa de la secta Saud.
La evidente responsabilidad del príncipe heredero del trono saudí, Mohammed bin Salman, en el asesinato de Khashoggi, le ha quitado juego político.
Sobre el caso en sí mismo, ya poco queda por informar, solo se espera el informe oficial de los servicios de inteligencia turca, que ya está en manos del Presidente Recep Erdogan, que como los grandes jugadores de póker descubrirá su juego en el momento que más ventaja le pueda sacar.
Aunque, en un intento para salvar sus responsabilidades los Estados Unidos y el Reino Unido, ya están presionando a Arabia Saudita, para que no solo detenga la masacre en Yemen, sino que se sientan a negociar la paz con la resistencia houthi, que a tres años y ocho meses de guerra total, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), junto a la inteligencia y asistencia de los Estados Unidos e Israel, no han podido ya no derrotarlos, sino ni siquiera contenerlos.
La evidente responsabilidad del príncipe heredero del trono saudí, Mohammed bin Salman (MBS), en el asesinato de Khashoggi, le ha quitado juego político, como para seguir manteniendo la guerra en Yemen y ha roto el férreo escudo mediático y diplomático del que disfrutaba, hasta el dos de octubre.
Quizás la prueba más incuestionable del desgaste del poder de MBS, es el llamado del último martes treinta del Secretario de Estado, norteamericano Mike Pompeo, para que cesen los bombardeos en treinta días.
El informe secreto en poder de Erdogan, que ya habría compartido con Washington y Londres, primero y segundo vendedores de armamento al reino, podría provocar la caída del príncipe, lo que el rey Salman y su corte intentarán defender hasta último momento, ya que MBS, es el arquitecto de todas las políticas del reino desde la asunción de su padre en enero de 2015.
Por lo que los tres puntos que exigirá la Casa Blanca serán aceptados, que el príncipe acepte compartir el poder con otras figuras importantes del reino como su tío y único hermano vivo del rey el príncipe Ahmed bin Abdulaziz, abriendo así la posibilidad de que MBS, acote su poder, y vuelva a prestar atención a las opiniones del Majlis al-Shura (Consejo Consultivo) y el Consejo de Ministros que está facultado para la promulgación de leyes y reglamentos, los que prácticamente no han tenido injerencia en los últimos años. El segundo reclamo de las potencias occidentales es levantar el boicot contra el Emirato de Qatar, que desde 2017 ha lanzado el Reino saudita, acompañado por Egipto, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Yemen, Maldivas y Libia quienes han roto relaciones con Qatar, acusado de respaldar al Daesh y al-Qaeda, lo que Doha niega rotundamente aunque en realidad tanto los emiratíes como los sauditas, tienen infinidades de pruebas en su contra que afirman que no solo han financiado, sino que han alentado las acciones de Daesh y al-Qaeda por ejemplo en Siria, Afganistán y Filipinas.
La cuestión tiene que ser resuelta de manera inmediata ya que para los intereses de Washington es fundamental no solo por sus monumentales yacimientos gasíferos, sino por la base aérea de al-Udeid al suroeste de Doha, la capital qatarí, la más importante que tiene Estados Unidos en Medio Oriente, con una dotación de 10 mil hombres y en plena ampliación.
El tercer punto que exige Estados Unidos, es terminar la guerra en Yemen, ya que los cálculos del Pentágono dicen que la guerra no se podrá ganar, sin ocasionar un desproporcionado número de víctimas civiles, difícilmente tolerado por la opinión pública mundial, además de que terminar por hacer estallar la hambruna que asola el país y compromete a catorce millones de personas. Las Naciones Unidas, han advertido que podría convertirse en una de las peores crisis alimentarias de que la humanidad tenga memoria. Hay que considerar que solo en el mar Rojo 220 barcos pesqueros fueron destruidos por lo que la pesca se ha reducido a más de la mitad y que casi todas las áreas cultivables han sido destruidas.
Las consecuencias que han precipitado el crimen de Khashoggi, han permitido que Martin Griffiths, el enviado especial de la ONU para Yemen, en su reciente gira por los Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, en el contexto del asesinato del periodista, haya reclamado que se articulen las acciones para poner fin al conflicto.
La guerra en este momento se encuentra empantanada, tras el fracaso de la coalición saudita, en su intento de conquistar el estratégico puerto de al-Hodeidah en el Mar Rojo (Ver Yemen: al-Hodeidah, la batalla decisiva) que desde junio último es asediado por tierra, mar y aire sin lograr su conquista. Según algunas fuentes al-Hodeidah es por donde la Resistencia yemení recibe armas aunque en realidad es el puerto a donde arriba toda la ayuda internacional para contener la hambruna, por lo que su caída sería el golpe final a la Resistencia houthi.
Los trágicos números de la realidad
Debido a la importancia estratégica y comercial de los sauditas tanto para Washington como Londres, es que hasta el caso Khashoggi, se les había otorgado un pasaporte de impunidad, que pareció infinito. Aunque le ha llegado la hora de caducar por lo que han comenzado a conocerse más informaciones, que pondrían tanto al Rey Salman, enfermo de Alzhéimer y su hijo MBS, frente a cargos por genocidio, apenas Donald Trump decida quitarles finalmente ese pasaporte.
Las cifras que hasta ahora han brindado las potencias occidentales, unos 10 mil muertos, los convierten también en cómplices de la tragedia, ya que esa cifra estaría próxima a los 60 mil solo desde principios del 2016, incluidos mil soldados sudaneses pagados por Riad y sin contar las muertes por desnutrición y distintas enfermedades como el cólera, de la que se ha desatado una ya larga epidemia. Desde junio último la batalla por al-Hodeidah, está dejando cerca de unos 2 mil muertos por mes, según datos aportados por el grupo de investigación de la Universidad de Sussex, “Proyecto de datos de eventos y ubicación de conflictos armados” (ACLED). Aunque finalizado el informe estiman que serán unos 80 mil los muertos.
La cifra de 10 mil que sostiene la ONU, solo cuenta a los civiles desde principios del 2017, cuando la guerra comenzó en marzo del 2015 y no ha vuelto a modificarse nunca más. La desinformación obedece a la complicidad de occidente además de las trabas a la información y el acceso del periodismo al teatro de operaciones por parte de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que dificultan el acceso a periodistas extranjeros y representantes de organizaciones internacionales. En oposición de lo que Estados Unidos, Reino Unido y Francia han hecho con las cifras en Siria.
Desde, Sanaa, la capital yemení, la ONG internacional Oxfam informa, que un civil muere cada tres horas y que en el puerto de al-Hodeidah, entre el 1ero de agosto y el 15 de octubre, murieron 575 civiles entre ellos 136 niños y 63 mujeres, sin conocerse la cantidad de civiles, que todavía quedan atrapados en los combates con una población de 600 mil personas.
Lo inocultable de la dimensión de la masacre yemení está obligando a las grandes potencias occidentales, que hasta hace un mes ocultaban hechos y cifras, a empezar a restar apoyo a los criminales sauditas.
El rápido cambio de posición frente a la crisis yemení del principal sostenedor de la dictadura de los Saud, los Estados Unidos, podrían dar lugar a conjeturar, que el crimen de Khashoggi, perpetrado sin dudas por un comando saudita en el consulado de Estambul, haya sido de alguna manera alentado por alguna agencia norteamericana, en procura de generar el escándalo que hoy vivimos, para tener la excusa necesaria para desacreditar a la monarquía, y se produzcan los cambios necesarios en Riad y abandonar el cada vez más farragoso pantano que se ha convertido Yemen. Y que solo paguen por ello responsables primarios como el príncipe MBS, y que las acusaciones no alcancen a ninguna gran figura de la política de occidente, por lo que se estaría alentado, una implosión controlada en el reino saudita.

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