"Ernesto era mi hermano de sangre, y el Che, mi compañero de ideología"
Juan Martín Guevara, el pequeño de los cinco hijos
que tuvo el matrimonio de Celia de la Serna y Ernesto Guevara Lynch,
publica ‘Mi hermano el Che’ para “hacer humano el mito”, darle contenido
y, de paso, regalar momentos, recuerdos e instantáneas de la vida
familiar del Comandante.
Cuarenta y siete años han tenido que pasar para que el pequeño de los Guevara de la Serna se armara de valor y visitara la Quebrada del Yuro, en la pequeña localidad boliviana de La Higuera. Ahí fue donde donde el teniente Mario Terán Salazar
buscó en el fondo de las botellas de alcohol barato el valor para
templar el pulso y disparar al hombre que se negó a morir sentado.
"Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre". Esas fueron las
últimas palabras de Ernesto Che Guevara. Ese 9 de octubre de 1967 murió
el hombre y nació el mito. Y el negocio. "Me di cuenta de que la muerte
de mi hermano se había convertido en un comercio cuando un guía me pidió
dinero por enseñarme el lugar donde capturaron al Che", cuenta Juan
Martín Guevara en el libro que acaba de publicar, 'Mi hermano el Che'
(Alianza editorial).
Tras muchos años de silencio, se lanza a revelar
recuerdos y cotidianeidades de su familia en los que dibuja a Ernestito
como la persona real que fue. Un hermano mayor con gran carisma, un
lector voraz, hábil conversador curtido en mil aventuras por su espíritu
viajero. Su formación política estuvo marcada por las lecturas de Marx,
por sus ganas de poner el cuerpo en las injusticias y desigualdades, y
por la gran influencia de su madre y la fuerza del amor mutuo que se
profesaban. "Ella fue política y contestataria antes que él", dice en el
libro. Celia de la Serna fue una mujer poderosa que conducía, fumaba,
llevaba pantalones y se cortaba el pelo 'a lo garçon': "Una feminista
antes incluso de que se hablase de feminismo", rememora su hijo pequeño.
"Cristo no podía tener hermanos, y el Che era como Cristo"
Llevar el apellido Guevara es una carga pesada, y más
lo fue en la Argentina de la dictadura militar: "Ernesto era mi hermano
y el Che, mi compañero en la lucha". A Juan Martín Guevara le
sacaba 15 años. Era el pequeño de los cinco hermanos y, como ocurrió con
parte de su familia, tuvo que pasar casi 9 años en la cárcel por su
militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PTR).
Siempre le quedará la espina de no haberse quedado en Cuba en enero del
59 al lado de su hermano que, por aquel entonces, ya era el Comandante
Che Guevara.
Su padre se lo prohibió tajantemente: no estaba
dispuesto a que ninguna revolución, por más nobles que fueran sus
ideales, le arrebatara a dos de sus hijos. "Si no me hubieran obligado a
volver a Argentina, yo también habría combatido en Ñancahuazú", rememora. La historia hubiera sido diferente y quizá el joven teniente Mario Terán Salazar
hubiera tenido que agotar las reservas de alcohol del ejército
boliviano para poder acertar el disparo mortal contra los dos Guevara
desarmados.
"Ser el hermano del Che nunca ha sido anodino (...)
porque Cristo no puede tener hermanos. Y el Che es un poco como Cristo",
escribe Juan Martín en una de las 335 páginas de su libro, en las que
se emplea a fondo para "apearlo del pedestal". Físicamente se dan un
aire lejano pero algo en su sonrisa recuerda, a ratos, a las fotografías
en blanco y negro que le tiró Alberto Korda al Comandante.
El riesgo del pensamiento 'guevarista'
"La imagen, el mito, ya está; ahora hay que ponerle contenido"
Ernesto
Guevara se cuenta dentro de ese escaso número de pensadores que fueron
capaces de bajar del púlpito y actuar. "Europa todavía no es consciente
del riesgo que supone el pensamiento guevarista"; por eso, Juan Martín
Guevara expande las ideas de su hermano mayor "a los centros neurálgicos
del capitalismo global" donde se tiene por objetivo evitar a toda costa
"que las crisis se conviertan en revoluciones", como ocurrió en Rusia, China, Vietnam, Nicaragua o en la propia Cuba.
"El problema -sigue- lo causarán los pensadores, los referentes, los
'Ches' y las 'Ches' que vengan". Y avisa: aunque hoy por hoy, para
Europa, el Che no es un problema, con el tiempo podrá llegar a serlo.
Con su mirada lúcida enmarcada por sus pobladas
cejas blancas, el hermano pequeño del Che apela y exhorta a la juventud
en su plática y en sus textos. Critica con vehemencia el aislamiento de
las luchas, hoy segmentadas y permitidas por el capitalismo en las que
las mujeres pelean por una cosa, los negros por otra y los homosexuales
por otra. Es como hacer merchandising con la imagen de su hermano, puro
en mano y estrella en la boina: la segmentación de las luchas y el
mercado de los ídolos pop vaciados de todo contenido político se vuelven
espacios de protesta desvirtuada y aceptada por el establishment. "La
imagen, el mito, ya está; ahora hay que ponerle contenido". Para que la
cara del Che, colocada estratégicamente junto a la de Margaret
Thatcher, no solo sirva para vender sujetadores bajo el lema: "Derecha e izquierda juntas".
“Cuba no es Fidel, es el pueblo”
Vestido con camisa blanca y pelo canoso, reflexiona
sin que le tiemble la voz y ensombrece el rostro cuando pronuncia un
apellido: "Trump es la cara más cruda y clara de lo que es Estados Unidos",
lanza. Ya no es el afroamericano que cae bien ni la mujer de sonrisa
amigable. "Representa a un amplio sector de los norteamericanos que se
han quitado la careta y el disfraz".
Decía Compay Segundo de Fidel Castro
que siempre había sido un ídolo y un ejemplo para el mundo. Su hijo,
Salvador Repilado, en cambio, mira al nuevo futuro de Cuba con esperanza
y vislumbra una oportunidad de apertura de la isla que traerá
"crecimiento personal y económico, y será para bien", según afirmaba en declaraciones a Público. Juan Martín Guevara frunce el ceño cuando escucha esto y pregunta:
-¿Qué edad tiene el hijo de Compay Segundo?
-Rondará los 70.
-Y seguramente, su situación económica es mucho mejor que la de muchos otros cubanos. Por eso la suya es la visión optimista. El capitalismo avanza, le infecta y le come la cabeza a muchos, ahora que Estados Unidos le abrió las puertas e invadió a Cuba de otra manera. Empieza a haber explotación del hombre por el hombre en las empresas que ya no son del Estado. Luego lucharán por un partido político porque se quejarán de que eso no es democracia.
-Cuba no podía estar ajena al avance del capitalismo a nivel mundial, supongo.
-Cuba no es Fidel, Cuba es el pueblo, que fue el que luchó. El que pedía sanidad, educación, solidaridad, y todo eso lo van perdiendo. A ritmo cubano, pero lo van perdiendo. Es normal que exista una visión optimista del avance del capitalismo en la isla, pero es porque tienen un interés en ello. Creo que no hay ninguna posibilidad de pararlo mientras triunfe en el resto del mundo. El tema es si en el resto de lugares podemos hacer una revolución y modificar las cosas; así le resolvemos el problema a Cuba, porque Cuba no nos va a resolver el problema a nosotros, ellos ya intentaron cambiar el mundo. Aparte, el partido comunista cubano no supo generar movilización popular entre los jóvenes. En Cuba, la lucha de clases está presente de una manera larvada, no es como en Venezuela, que está a la vista.
-Rondará los 70.
-Y seguramente, su situación económica es mucho mejor que la de muchos otros cubanos. Por eso la suya es la visión optimista. El capitalismo avanza, le infecta y le come la cabeza a muchos, ahora que Estados Unidos le abrió las puertas e invadió a Cuba de otra manera. Empieza a haber explotación del hombre por el hombre en las empresas que ya no son del Estado. Luego lucharán por un partido político porque se quejarán de que eso no es democracia.
-Cuba no podía estar ajena al avance del capitalismo a nivel mundial, supongo.
-Cuba no es Fidel, Cuba es el pueblo, que fue el que luchó. El que pedía sanidad, educación, solidaridad, y todo eso lo van perdiendo. A ritmo cubano, pero lo van perdiendo. Es normal que exista una visión optimista del avance del capitalismo en la isla, pero es porque tienen un interés en ello. Creo que no hay ninguna posibilidad de pararlo mientras triunfe en el resto del mundo. El tema es si en el resto de lugares podemos hacer una revolución y modificar las cosas; así le resolvemos el problema a Cuba, porque Cuba no nos va a resolver el problema a nosotros, ellos ya intentaron cambiar el mundo. Aparte, el partido comunista cubano no supo generar movilización popular entre los jóvenes. En Cuba, la lucha de clases está presente de una manera larvada, no es como en Venezuela, que está a la vista.
América Latina mira a la derecha
El investigador venezolano Edgardo Lander criticaba en una entrevista la
solidaridad incondicional que le profesa la izquierda latinoamericana a
los fenómenos políticos surgidos entre militantes de sus filas, como el
chavismo. Algo que limita la indagación crítica -y la autocrítica- en
los procesos que afectan a las sociedades modernas. "Creo que no es
cierto que la izquierda apoye a Venezuela. ¿Les has visto migrar para allá, como hicieron con Cuba, o con España, cuando vinieron a combatir al franquismo? Lo único que hacen los politólogos es escribir, nunca ponen los pies". Solo con hablar no modificas nada, añade.
El pequeño de los cuatro hermanos que tuvo el Che,
aparte de pregonar el pensamiento del que fuera, además de guerrillero y
revolucionario, un lúcido pensador marxista, aporta una visión sagaz de la Latinoamérica de hoy. "Dentro del chavismo hay muchos enemigos del cambio" pero solo con criticarlo no vale. "Cuba también tuvo errores", y para Juan Martín,
en Venezuela se les escapa el apoyo popular porque no lo hicieron bien
en su momento: "Si no eres autocrítico ante las masas, la gente deja de
creerte, no vale solo con culpar a la derecha".
Quizá la verdadera derrota de América Latina
-o al menos, una de ellas- no fuera la muerte del Che, sino el auge de
la derecha en varios países del continente. "Fíjate que la derecha nunca
ha dejado de gobernar en América Latina. Cristina [Kirchner] es de
derechas, capitalista hasta la médula, es lo más reaccionario que te
puedas imaginar, se opone al derecho al aborto". Juan Martín Guevara se queda con una frase de la expresidenta Argentina: "Vamos a hacer un capitalismo en serio", y le increpa, en tono de impaciencia: "¿Desde cuándo el capitalismo en serio resuelve los problemas de la gente?".
El caso de Brasil no es diferente. El autor de 'Mi
hermano el Che' no se olvida de que a Michel Temer lo puso el Partido de
los Trabajadores en el cargo de vicepresidente. "Brasil es el principal
productor de armas de América Latina y el quinto a nivel mundial.
Siempre han querido convertirlo en un imperio capitalista".
¿Brasil ha querido ser otro Estados Unidos?
Totalmente. Y mira Ecuador, que tiene dólar. Más
dependencia, imposible. En Nicaragua hay una alianza entre el Frente
Sandinista y los grandes grupos concentrados, muchos manejados por el catolicismo y la Iglesia.
Y parecido pasa en Perú, Paraguay, en México, Chile o Colombia. Solo se
salva Bolivia y Ecuador, pero ojo con Ecuador, sobre todo si te pones a
leer algunos textos de Correa. ¿Sirve el 'poquitismo'?
¿Qué es el 'poquitismo'?
Es una política económica y social basada en decir,
poquito a poquito, vamos a llegar. ¿Esto sirve? Aquél (señala la portada
del libro, con la fotografía del Che) dijo que no. Por eso es el
enemigo. En fin, que la derecha no dejó nunca de ser el poder en
América. Hoy, además, tiene el poder político y apoyo popular para ganar
elecciones, cosa increíble.
¿Incluso cuando estaba Mujica en Uruguay?
Uruguay es el país donde más se concentran las
empresas de grano y de carne. Exporta más carne que Argentina pero
concentrada en dos o tres empresas. Lo mismo con las empresas de granos,
entre ellas, Monsanto. Ese es Mujica. Su ministro de Economía era más
liberal y capitalista que el de Temer. Nunca, ni en Uruguay, dejó de
tener el poder económico la derecha.
¿Cuál es el principal enemigo de la derecha?
Este es el enemigo (señala de nuevo la imagen del
Che Guevara en la portada de su libro). Ni el progresismo ni el
sindicalismo ni la democracia son los enemigos del capitalismo.
Hay mucho pesimismo ahí...
Soy pesimista a corto plazo y optimista a largo
plazo. Esa es mi definición del mundo hoy. Sobre todo de América. La
lucha es larga, pero sois jóvenes los que tenéis en vuestras manos el
cambio. Nosotros ya solo podemos ser el Senado, solo unos viejos que
aconsejan.
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